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Butch Lee es “El Primero”

TEXTO: DJATMIKO WALUYO

 

En 1979, el Voyager 1 nos acercaba más que nunca a Júpiter, observando sus anillos, lunas, campos magnéticos y sorprendiendo los científicos de ver volcanes activos en un planeta tan lejano. Pink Floyd lanzaba The Wall que se convertiría en su álbum más vendido después de The Dark Side of the Moon. En la pantalla grande hollywoodense aparecía Rocky II donde veíamos la revancha de Rocky Balboa ante Apollo Creed; Alien llevaba a otro nivel la fantasía humana de tener que asegurar la subsistencia en batallas ante extraterrestres terroríficos; mientras Kramer vs Kramer nos daba el toque de realidad sobre el amor y el divorcio en nuestro planeta tierra. 

 

En la NBA, los oficiales adoptarían la línea de tres puntos, y Chris Ford de los legendarios Celtics de Boston sería el primer jugador en la historia en marcar uno. George “Iceman” Gervin seguía deslumbrando a los aficionados con sus finger rolls, Kareem Abdul-Jabbar mantenía su dominio. Un par de novatos revolucionarían el basquetbol hacia una era moderna y sus nombres, Earvin “Magic” Johnson y Larry Bird, empezaban a cimentarse.

 

En las finales de esa temporada, Abdul-Jabbar se lesionaba, el novato “Magic” Johnson pasaba de ser base a sustituir a Abdul-Jabbar como centro. Con apenas 20 años de edad, Johnson ya daba aviso de las hazañas que haría el resto de su carrera en la NBA. En la serie, no sólo aseguró el campeonato para los Lakers de Los Ángeles, fue premiado como Jugador Más Valioso de las finales, recordado por sus 42 puntos, 15 rebotes y 7 asistencias en el juego número 6, en el que jugó todas las posiciones sobre la cancha. Mientras todo esto sucedía, en la banca de los Lakers estaba un jugador conocido como Butch Lee, que a primera leída, suena como un personaje de un Western. Lee estaba escribiendo su propia historia, una historia latinoamericana que comenzaba en Puerto Rico, y que lo convertía en el primer basquetbolista latinoamericano en jugar en la NBA después de haber sido seleccionado como el número diez de la primera ronda del Draft de la NBA en 1978.

 

Butch Lee jugando para la Universidad de Marquette / Imagen vía Marquette University

 

En la década de los 50 sucedía la llamada “Gran Migración” de Puerto Rico a Nueva York. Un porcentaje mayor de los migrantes llegaba a Harlem del Este, lo que se le conocería como “Spanish Harlem”, y el movimiento nuyorican empezaba a tomar forma. La historia se traza medio siglo antes con la “americanización” de Puerto Rico posterior a la guerra hispano-estadounidense de 1898 que culminó con la independencia de Cuba, aunque bajo el manejo de los EUA, y el paso de Filipinas, Guam y Puerto Rico a manos colonialistas de los Estados Unidos. Cada uno de esas colonias, territorios, países tendría su propia historia, y Puerto Rico terminaría convirtiéndose en territorio de los Estados Unidos. Durante la mencionada “Gran Migración”, Gloria y Alfred Lee participaban, y se establecían en Harlem.

 

“Yo sabía que había nacido en Puerto Rico y mi acta de nacimiento estaba en español, pero yo crecí pensando que era otro muchacho negro creciendo en Harlem, jugando basquet,” admitió Butch Lee en un reportaje. Alfred “Butch” Lee, Jr., nacido en Santurce, San Juan, Puerto Rico, creció literalmente a un par de cuadras del legendario Rucker Park, localizado en en la Calle 155 y la Avenida 8 en Harlem, Manhattan.

 

“Antes de [llamarse] Rucker Park era The New Park, y era básicamente mi propia cancha. Aprender a jugar basquetbol con mi hermano y viviendo a un lado, sólo tener la oportunidad de salir de la casa y jugar basquetbol era genial; y luego ser parte de esa tradición, de la historia del basquet. Yo veía a tipos como ‘Pee-Wee’ Kirkland, Joe Hammond, ‘Tiny’ Archibald, Julius Erving con mis propios ojos. Así que yo puedo contar mis propias historias. No hay otra cosa como el basquet callejero. Tuve la fortuna de crecer a lado de la cancha más famosa del mundo.

 

“Yo supe que era un jugador [legítimo] una vez que regresaba a mi casa en la Calle 153 y la Avenida 8. Joe Hammond es uno de los mejores jugadores callejeros de todos los tiempos. Él estaba del otro lado de la calle y me volteó a ver, y me hizo un gesto con la cabeza, saludándome. En ese momento yo sabía que lo estaba haciendo bien en la cancha”. 

 

Durante más de cincuenta años, Rucker Park ha sido el corazón del basquetbol neoyorquino. En la década de los 60 y 70, el Rucker era el lugar para ganarse la reputación. La palabra “sobrevivir” era la que se utilizaba cuando uno se refieren al Rucker. Y ahí estaba un “muchacho negro”, como el mismo Butch se describía, jugando basquetbol con las futuras leyendas, estableciendo su nombre y las bases para marcar historia en el baloncesto latinoamericano. Sin embargo, en Rucker Park surgen dos tipos de leyendas, los que llegan a la NBA y los que no. 

 

Como adolescente, Lee terminó en DeWitt Clinton High School en el Bronx, acabando sus estudios con calificaciones destacadas, y sobretodo, con la ciudad de Nueva York reconociéndolo como uno de los basquetbolistas más destacados. Los reclutadores se acercaban, y Lee aceptó el ofrecimiento de la Universidad de Marquette, donde se convertiría en uno de los mejores basquetbolistas en la historia de la institución. 

 

“Desarrollas muchas habilidades en el parque porque hay mucho uno contra uno”, explica Lee. “Y cuando llegas a la universidad, tienes que jugar otra forma de basquetbol, una forma mejorada de juego en equipo. [El entrenador de Marquette, Al] McGuire era uno de los mejores en eso. Era muy fundamental. Se hacía el que no sabía mucho, pero era estricto con los fundamentos del juego”.

 

Al McGuirre se convertiría en una figura crucial para el salto que daría Butch como basquetbolista. McGuire, el entonces entrenador en jefe de Marquette, pero también era otro más de Nueva York, quien además había jugado para los Knicks. Con el lazo nativo a Nueva York, McGuire lograba mantenerse al tanto de lo que sucedía entre los talentos más importantes de la ciudad, y fue por él que Butch terminó yendo a Marquette. McGuire trabajaría los detalles finos con Lee, y el puertorriqueño se convertiría en una estrella de la NCAA entre 1974 y 1978, guiando a la universidad hacia su único campeonato nacional hasta la fecha.

 

Butch Lee de Marquette entre defensores de North Carolina / Imagen vía Sports Illustrated

 

Durante esos años universitarios, otra cosa sucedía en el basquetbol estadounidense. Como puertorriqueño, Lee calificaba como ciudadano de los Estados Unidos gracias a Ley Jones-Shafroth de 1917, y no había basquetbolista alguno que no quisiera jugar en las olimpiadas con el equipo más dominante del mundo. Lee ya había establecido su nombre en el basquetbol callejero, pero también en el basquetbol organizado como pieza fundamental del equipo de Marquette. En su momento, cien jugadores de basquetbol recibían una invitación para participar en las pruebas de la Selección Nacional de Estados Unidos, y Dean Smith, el entrenador de la Universidad de North Carolina, quien también lideraba la Selección Nacional, no incluyó a Butch Lee entre los invitados. Los Juegos Olímpicos de 1976 se acercaban y sin el acercamiento de los EUA, Lee volteó a Puerto Rico, donde calificó para formar parte de su Selección Nacional.  

 

Kenny Smith, el ex jugador de la Universidad de North Carolina y dos veces campeón de la NBA con los Rockets de Houston, creció en Nueva York, creció en el Rucker, y recordaba el momento olímpico. “Creciendo en Nueva York, Butch Lee era uno de los tipos a los que admirabas. Y yo no sabía que era puertorriqueño hasta que jugó en las olimpiadas porque era de Nueva York, era de Harlem. Él era Butch Lee de Harlem,” mencionó Smith. “Y creo que eran las Olimpiadas del 76, y de repente pienso, ‘¿qué está haciendo Butch Lee jugando en contra de los EUA?’ Pero lo increíble es que Butch Lee solito estuvo a poco de derrotar a la selección de EUA. Él era así de bueno, porque en esa era, el juego era ponerle el balón en las manos de la base. No había 24 segundos [de límite de tiempo]. Él podía tener el balón en las manos, estaba fuerte, podía tirar, podía colarse. Era mucho como las bases que vemos hoy en día, una base que encesta”.

 

Los Juegos Olímpicos se celebraban en Montreal, y el partido contra los Estados Unidos era el segundo de Puerto Rico en el Grupo B. Puerto Rico venía de perder ante Yugoslavia, y ahora enfrentaba al equipo más reconocido y talentoso de basquetbol.

 

“Entramos al juego con mucha confianza”, cuenta Lee. “Recuerdo a Earl Brown, él era mi compañero de cuarto en Montreal. Él decía, ‘no tenemos oportunidad’, pero yo conocía a los jugadores que teníamos, Raymond Dalmau, Neftali [Rivera]… esos tipos habían crecido en Nueva York [también], así que no tenían ese miedo. Fue una gran sensación sólo estar en las olimpiadas. Y luego Puerto Rico, con menos de 4 millones de habitantes, jugando en contra de los EUA que es un gigante del basquetbol. Fue una locura”. 

 

Butch Lee parecía imparable. Dean Smith y la Selección de EUA rotaría un jugador tras otro, cada uno intentando de detener o por lo menos alentar el juego de Lee, pero nada resultaba. Lee mantenía a Puerto Rico parejo con los EUA durante todo el partido. A medio tiempo, el partido estaba empatado 51 a 51. El juego se mantenía apretado y ocho segundos restando, los EUA tenían una ventaja minima de 93-92. Butch tomaba el balón, buscaba el espacio para dar una de las sorpresas más grandes de esos Juegos Olímpicos. Sonaba el silbato y el réferi marcaba una falta ofensiva, controversial, pero oficial. Phil Ford de los EUA anotaba los dos tiros libres, y aunque Puerto Rico tomaba el balón y anotaba, no pudo remontar, cayendo 95 a 94. Lee entregaría un juego memorable, anotando 35 puntos, encestando 15 de 18 tiros, además de 3 rebotes y 3 asistencias.

 

Selección Nacional de los Estados Unidos, 1976 / Imagen vía USA Basketball

 

El siguiente año, Lee seguiría dejando de qué hablar, y de nuevo enfrentaba a Dean Smith, ahora ante North Carolina. McGuire anunciaba que sería su último año como entrenador de Marquette, y junto a Lee, los llevaba al partido de campeonato de 1977. North Carolina dominaba el partido, pero Lee lideraría una remontada hasta conseguir la victoria 59-67, marcando el único campeonato nacional de Marquette hasta la fecha. Lee además se llevaría el reconocimiento del Jugador Más Sobresaliente del Final Four de la NCAA después de anotar 19 puntos en ese último partido.  

 

Butch Lee, el número 15 de Marquette / Imagen vía Marquette University

 

Pasaría otro año más, y de nuevo Lee seguía marcando historia. La NCAA nombraba a Lee como Jugador del Año, y poco tiempo después, con la selección número diez del Draft de la NBA de 1978, los Hawks de Atlanta elegían a Butch Lee. El puertorriqueño se convertía oficialmente en el primer basquetbolista latinoamericano en ser seleccionado en draft de la NBA. El 13 de octubre de 1978, Lee debutaba en la NBA contra los Pacers de Indiana, anotando 18 puntos para los Hawks. Lee se convertía en titular para Atlanta, promediando 7.7 puntos en 49 partidos. El siguiente año, Atlanta lo mandaría a los Cavs de Cleveland en un intercambio, y con 33 partidos restando en la temporada, Lee seguiría mejorando, consiguiendo un promedio de 11.5 puntos por partido. Pero arrancando su tercer año en la NBA, en el tercer partido de la temporada 1979-1980, Lee sufriría una lesión de rodilla que requería cirugía. Antes de que la temporada finalizara, terminaba siendo parte de otro intercambio, uno que lo llevaría a jugar a lado de “Magic” Johnson y Kareem Abdul-Jabbar en los Lakers de Los Ángeles. 

 

Butch Lee, número 15, con los Lakers de Los Ángeles, 1980

 

Fue ese año en el que “Magic” cimentaba su nombre en las finales, en el que los Lakers derrotaban a los 76ers de Filadelfia, y en el que Lee terminaba con un anillo de campeonato de la NBA. La épica imagen de “Magic” Johnson corriendo y abrazando a su colega, celebrando el campeonato con una de las sonrisas más reconocibles de la NBA, es con el mismo Butch Lee. Ambos se sostienen durante varios instantes mientras Los Ángeles celebra.

 

 

A pesar del campeonato, la lesión de rodilla sería demasiado para Lee, y su carrera en la NBA terminaría más pronto de lo esperado. El abrazo con “Magic” Johnson también lo despedía del escenario más grande de basquetbol. 

 

Lee el “muchacho negro” jugando en el Rucker de Harlem con un acta de nacimiento en español tornaba su vista otra vez a Puerto Rico. Regresaría a sus raíces, a la isla que lo vio nacer, y terminó su carrera profesional en el Baloncesto Superior Nacional (BSN), la liga profesional de Puerto Rico. Jugaría con diferentes equipos y en 1985, como parte de los Atléticos de San Germán, Lee nuevamente levantaría un trofeo de campeonato. Con esto, Butch Lee se convertiría en el único basquetbolista puertorriqueño en ganar un campeonato de la NCAA, de la NBA y de la BSN.  

 

“Yo estoy muy orgulloso de eso”, comenta Lee. “Yo no sabía qué premios podía obtener. Yo le invertí mucho tiempo practicando e intentando ser mejor. Es algo tan increíble. Es difícil de creer porque puedes ser muy bueno, y puedes ser una estrella, pero sólo una vez puedes ser el primero”.

 

Alfred “Butch” Lee, Jr., también conocido como “El Primero”, fue el primero.

 

“Antes practicaba atletismo”, cuenta Lee. “Así que cuando llegaba a mi barrio, siempre le decía a mis vecinos ‘vamos a jugar carreristas, vamos a jugar carreritas’. Siempre me gustaba la competencia. Un día, un amigo mío me dijo, ‘aquí no corremos, aquí jugamos basquetbol’. Fue ahí cuando empecé a jugar. 

 

“Lo más importante que sacas de jugar partidos en el parque es el nivel de intensidad porque todos quieren ganar. Si pierdes, puede pasar mucho tiempo para que regreses a la cancha. Así que el nivel de intensidad es probablemente lo más importante del basquetbol [callejero]”.

 

De Santurce, San Juan, Puerto Rico a Harlem, pasando por el Rucker Park, la NCAA, la NBA y la BSN, el ciclo de Butch Lee lo llevó a una vuelta completa. Ahora casado y viviendo en Guaynabo, Puerto Rico donde abrió su propio negocio y ahora ayuda a las nuevas generaciones puertorriqueñas, comparte sus experiencias como basquetbolista y también como persona a las jóvenes puertorriqueños. “De qué sirve tener todo ese conocimiento si no lo compartes con las generaciones más jóvenes, [y en mi caso], con los niños que están creciendo hoy en día encantados con el basquetbol. No fue hasta que regresé a Puerto Rico que comencé a desarrollar y entender la cultura, y mi lugar en el basquetbol puertorriqueño.

 

“Cuando escucho otras personas contar sus historias, yo no tengo que sentir envidia de nadie, porque a mi me encanta mi historia. Me encanta la historia que yo tengo. Yo le digo a los muchachos que soy del mismo tamaño que todos. Yo no mido siete pies o algo así. Me gusta ser un poco de motivación. Si yo pude hacer esas cosas grandes en el basquetbol, entonces todos pueden hacerlo también”.

 

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