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Cine y Basquetbol: White Men Can’t Jump

TEXTO: DJATMIKO WALUYO

 

Ropa holgada con colores fosforescentes, calcetas hasta la pantorrilla y tenis de media bota era la norma en las canchas de basquetbol de los 90, en especial en el Sur de California, donde el sol abunda y el basquetbol también. Es difícil pensar en una película que represente esta cultura mejor que White Men Can’t Jump, que se distribuyó en Hispanoamérica como Los Blancos No Saben Saltar. Escrita y dirigida por Ron Shelton y estelarizada por Westley Snipes y Woody Harrelson, la película es considerada una de los grandes clásicos en cuanto películas de basquetbol, pero la historia va mucho más allá que el deporte.

 

Imagen vía 20th Century Fox

 

Hace unos meses, la película cumplió 25 años de haberse estrenado, en marzo de 1992. Ese año, Michael Jordan estaba en pleno auge, lideraba a los Bulls de Chicago para vencer a los Trailblazers de Portland en las Finales de la NBA, y el movimiento del basquetbol, su moda y toda su cultura se volvía un fenómeno internacional, en especial con el Dream Team que participó en Barcelona 92 ese verano. La década de los 80 seguía fresca, y sus llamativos esquemas de colores aún se reflejaban en la moda, aunque poco a poco se asomaba un estilo más casual de camisetas básicas, jeans, tenis y sudaderas. Esto pasaba a lado del movimiento grunge con música de Nirvana, Pearl Jam y Soundgarden. En Latinoamérica se mantenía el movimiento de Rock en tu Idioma con grupos como Caifanes, Soda Estéreo y Hombres G; y si recordamos, los 90 también vio la introducción de los tatuajes y perforaciones a un nivel mucho más masivo, cosa que hoy en día vemos con tanta normalidad.

 

Mientras tanto, en el Sur de California, los Red Hot Chili Peppers pasaban de escenarios locales a reconocimiento mayor con el álbum más emblemático del grupo: Blood Sugar Sex Magik. La música afro-americana marcaba éxitos populares de Boyz II Men, Arrested Development y Sir Mix-a-Lot hasta que apareció The Chronic de Dr. Dre al final del año que marcaría un cambio en el hip-hop. Pero el área pasaba por uno de sus momentos más tensos en su historia, siendo parte de la recesión que sufría Estados Unidos y la crisis incluía una dura infestación del crack trayendo problemas de violencia y crimen en diferentes zonas de Los Ángeles.

 

El deporte siempre ha tenido diferentes niveles de participación, desde el espacio recreativo hasta el profesional, y permite enchufarse de otra manera a la vida. Mientras los barrios bajos de Los Ángeles sufría de diferentes problemas sociales, el basquetbol permitía otro tipo de conexión entre las personas. En White Men Can’t Jump, vimos justamente eso, enfocado en Billy Hoyle (Woody Harrelson) y Sidney Deane (Wesley Snipes) encontrarse como rivales y después como amigos sobre la cancha. Ambos representaban californianos lidiando con problemas socio-económicos, una adicción a la competencia y las apuestas, y un siendo par de hombres con tensiones personales en sus relaciones. No hay que darle la vuelta, el mismo título de la película introduce el tema racial y las concepciones que carga ser negro o ser blanco en los Estados Unidos, desde el deporte hasta la vida cotidiana.

 

Es precisamente así que Billy Hoyle aprovecha este concepto del blanquito poco atlético para aparecer sobre una cancha callejera con ropa holgada y algo bufonesca en comparación a las prendas atléticas utilizadas por los demás. Un ex jugador universitario, Boyle termina haciendo apuestas y sacándole dinero a Sidney Deane. De aquí pasamos a su unión como socios para ganar más dinero en otras canchas, y una amistad seria que incluía discusiones sobre Jimi Hendrix, un histórico músico de rock que fusionaba la psicodelia y el blues clásico en una época cuando los negros ya migraban del rock ‘n’ roll al funk y el soul. ¿Quién era más apto para entender la música de Hendrix, Boyle o Deane? Billy Hoyle además vivía con su novia puertorriqueña, Gloria Clemente (Rosie Pérez), y ambos se encontraban en huida constante por deudas con mafiosos debido a las apuestas. La multiculturalidad californiana se escurría constantemente entre los diálogos de la película que se suponía ser una sencilla historia de un par de basquetbolistas callejeros. Entonces encontramos otro tema prevalente, la cultura callejera, sus normas no escritas y la fusión con el deporte. El ejemplo más claro de esto es la rudeza con la que se tratan Billy Hoyle y Sidney Deane, los insultos y burlas constantes dentro y fuera de la cancha, pero el respeto y aprecio que hay entre ellos. Por más estafadores que sean, hay un especie de lealtad simultánea.

 

 

Al final, tanto Sidney Deane como Billy Holye se entienden claramente porque son personajes parecidos, ambos grandes basquetbolistas callejeros, de buen corazón, pero timadores a final de cuenta, hechos en la calle con la naturaleza de desconfianza, y buscando el dinero “fácil” con diversión, competencia y sin ganas de tener un trabajo con horarios fijos. Los dos personajes son almas libres y callejeros que generan problemas con sus respectivas parejas, y que en resumidas palabras, sólo buscan disfrutarse bajo el sol californiano.

 

En la vida real, es más probable que como basquetbolistas, podamos aspirar a convertirnos en grandes jugadores a nivel callejero, cosa que no es malo ni despreciado. Pero las reglas son distintas y por más organizadas que se vuelvan las retas o los torneos locales, la energía y el tipo de basquetbol es único y completamente diferente a la NBA y otras ligas profesionales del mundo. El nivel competitivo puede ser muy alto pero también hay niveles que se acomodan para todo tipo de jugador y atleta; y por eso mismo es que White Men Can’t Jump hace una conexión real con la masa general que gusta del basquetbol. Billy Hoyle y Sidney Deane representan esa aspiración de ser leyenda sin ser de ese mínimo porcentaje que tiene la habilidad de élite mundial para realmente estar entre los mejores en una liga como la NBA. Y si vemos la narrativa que rodea el basquetbol de la película, vemos a dos tipos normales en la lucha del día a día para sobrevivir en una sociedad complicada, tener dinero para comer y pagar las cuentas, enfrentando la realidad de no ser de una clase social acomodada, y estar en un dilema adulto de tener que dejar de jugar y tener que trabajar mientras buscan establecerse con una pareja.

 

White Men Can’t Jump es una historia de la vida real con un retrato bastante realista del basquetbol callejero californiano de los 90. Es un clásico que los nostálgicos disfrutan, observando los tenis, los colores y la manera en la que interactuábamos antes de que aparecieran los aparatos móviles que interrumpieron nuestra socialización. Incluso los que no se catalogan como fanáticos del basquetbol encuentran una historia sobre dos tipos sobreviviendo la vida adulta en la sociedad noventera. No hay manera de no poder apreciar lo que nos ofreció Ron Shelton y las diversas temáticas que tocó en su película. SPOILER: El blanquito no atlético resulta ser bastante bueno.

 

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