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EL 20 DE MANU

TEXTO: ORLANDO MAYORGA

 

Oficialmente, Emanuel David Ginóbili se encuentra retirado como jugador de baloncesto, y su jersey ya ha sido colgado junto a las personalidades más icónicas de los Spurs de San Antonio, ciudad con la que compartió dieciséis años y cuatro campeonatos. Hace unos días, San Antonio cerró su temporada, perdiendo el séptimo juego ante los Nuggets de Denver; y tal vez ya no escuchemos mucho de los Spurs hasta que empiece la siguiente temporada. Con lo inmediato que llega y se va la información hoy en día entre las redes sociales y las tendencias digitales, el #GraciasManu empieza a quedarse atrás. Pero no fue hace mucho que todo el mundo del baloncesto celebraba la carrera de Ginóbili. En silencio, tal vez en el eco de unas voces trabajadoras, el AT&T Center de San Antonio ahora mantiene el “20” de Manu en lo alto, pero no hay que dejar que se empolve su historia y olvidar tan rápido. Ginóbili es celebrado por muchas cosas, reconocido por las grandes estrellas como una gran estrella, y su estatus de ícono rebasa la región latinoamericana. Manu explotó inesperadamente como basquetbolista profesional, tomando el control de su propia carrera incluso entre los más grandes de la NBA. Y Manu es enorme porque su grandeza nunca dejó de crecer, y ese “20” es algo que no debemos olvidar.

 

 

EL INICIO

 

Bahía Blanca es una ciudad en el sur de la provincia de Buenos Aires. Ahí nació Emanuel Ginóbili en 1977, en un país conocido por su mate, carne, tango y futbol, y en ese entonces, no por su baloncesto. El menor de tres hermanos junto a Sebastián y Leandro, los tres crecerían de la mano con el deporte. Su padre, Jorge Ginóbili, conocido como “Yuyo”, era el director del Deportivo Bahiense del Norte, con un gran enfoque en el baloncesto, y donde los tres hermanos aprenderían el deporte.

 

Cuando Manu llegó al deportivo a la edad de nueve años, el número de clubes de basquetbol en Bahía Blanca comenzaba a incrementarse, la NBA se volvía algo mucho más popular y el nombre de Michael Jordan ya empezaba a establecerse como el de un ídolo a seguir. Mientras Sebastián, Leandro y Manu comenzaban a pisar la duela, su padre pensaba que el menor de sus hijos sería el que tendría menor trascendencia en el baloncesto. Manu era más bajo de estatura y aparentaba falta de talento en el deporte. El objetivo que tenían para Manu desde esa corta edad, tanto su mamá como su papá, sería que estudiara, pues en el basquetbol, “no sería como los hermanos”.

 

Manu desarrolló una obsesión y se comparaba constantemente con sus hermanos. La competitividad interna que cargaba desde temprana edad terminaría forjando su disciplina y su camino. Manu sería Manu desde joven, no le importaría lo que los demás pensaban de él, incluso si fueran sus papás, él quería ser igual que sus hermanos, pues el mayor, Leandro, terminaría como jugador profesional en la Liga Nacional, y Sebastián le seguiría el camino, incluso pasando a la liga española también.

 

Desde la adolescencia, Manu no dejaba la cancha. Su entrega era garantía. Lo que no, era su estatura. Era de los jugadores más bajos con 1.8m de altura, pero entre los 16 y 17 años, en un lapso de cinco meses, Ginóbili se benefició de un “estirón” inesperado, creciendo más de diez centímetros. Con una estatura de 1.9m, y las habilidades que había desarrollado con años de obsesión sobre la cancha, la gente empezaría a poner atención detallada al bahiense y las oportunidades aparecían.

 

Imagen vía Manu Ginóbili

 

Para que Leandro y Sebastián lograran irse a jugar baloncesto profesional, primero tendrían que seguir las reglas de la casa: terminar el secundario, el nivel educativo preuniversitario. Manu, sin embargo, rompió sus expectativas como basquetbolista, y también la regla. Terminó saliendo de casa para irse a La Rioja e integrarse al Andino Sports Club en la temporada de 1995-96. Manu se convertía en jugador profesional, aumentaría rápido de juego, y el siguiente año cambiaría de equipo, el de casa, al Estudiantes de Bahía Blanca, donde además compartiría cancha con uno de sus hermanos hasta el año de 1998.

 

Imagen vía Manu Ginóbili

 

LA BÚSQUEDA

 

Unos años antes, en 1994, RC Buford, el actual gerente general de los Spurs, tendría la consigna de ser el scout principal para buscar nuevo talento para la franquicia. El basquetbol en los 90 había dado un salto global sin precedentes. El Dream Team del 92 y el impacto de Michael Jordan alrededor del mundo sería un parteaguas para la popularidad del deporte, y el talento internacional empezaba a tener su propio impacto en la NBA. La misión de encontrar el diamante en bruto era emocionante. Buford tenía esa tarea, y en 1997, éste viajaría a Melbourne, Australia para asistir al mundial sub 22. Argentina se presentaba y Buford se encontraría con un tesoro, a un tal Emanuel Ginóbili.

 

Selección Argentina en Melbourne, Australia / Imagen vía Manu Ginóbili 

 

El entrenador de esa selección juvenil argentina, Julio Lamas, el actual entrenador de la Selección Nacional de Japón, fue citado por RC Buford por el interés de algunos de sus jugadores. Julio Lamas se sentó con Buford,y le preguntó: “¿De quién quieres saber, Fabricio Oberto, Lucas Victoriano, Pepe Sánchez?” Buford levantó la mano e irguió su dedo meñique en referencia a Manu. Julio, sorprendido, volteó a ver a Buford: “¿el flaquito?”.

 

Manu no tuvo un torneo espectacular en Australia, pero Buford le pidió a Julio Lamas a ponerle atención a Manu de su parte. Lo quería de cerca. El mismo RC Buford reconocía que Manu no era el mejor del equipo, no era el más rápido, el más fuerte o el más alto. Vaya, no era el más talentoso, pero lo que lo hacía resaltar era su entrega en la cancha en cada jugada, una pasión por el deporte y por su equipo. Lo que tenía Manu y demostraba en cada minuto es algo que no se enseña y no se aprende.

 

EL VIEJO CONTINENTE

 

Después de unas campañas dominantes en la Liga Nacional, aunque sin títulos de campeonato, Ginóbili ansiaba por más oportunidades, espacios para seguir desarrollando su juego y encontrarse con niveles más altos y retos mayores para su carrera. La NBA era el sueño claro para cualquier jugador, pero en ese tiempo sería un sueño inalcanzable. La cantidad de latinos en la liga era muy poca, la de argentinos nula, y la simple estadística de esa realidad lo hacía complicado.

 

Manu volteó a ver al viejo continente, un proceso natural para los argentinos, en especial a Italia. Los países tienen una larga conexión, en especial desde mediados del siglo XIX y hasta los inicios del siglo XX, cuando hubo una migración notable de europeos al continente americano. Argentina tenía una población menor, y el país vio necesario incrementarlo. El gobierno promovió en el artículo 25 de su constitución (1853) que la inmigración europea fuera legal, quitando así las barreras a los europeos que buscarían asilo por ser exiliados o buscaban un mejor lugar para vivir. Italia pasaba por tensiones en sus movimientos nacionalistas y muchos llegaron a Argentina.

 

Los Ginóbili tienen descendencia trazada a Las Marcas, Italia, y con una doble nacionalidad, la transición al baloncesto italiano resultaba lógico. El club Basket Viola Reggio Calabria le abría las puertas y Manu vestiría su jersey durante dos años, entre 1998 y 2000. Manu los impulsaría en su primer año al ascenso a la primera división, y en el segundo año a la postemporada, siendo eliminados por el equipo Virtus Bologna, conocido por muchos como el Kínder Bologna. Se declararía para el Draft de la NBA en 1999 y con Buford aún siguiendo a detalle los pasos del argentino, los Spurs lo elegirían con la selección número 57 dentro del segundo round. Sin embargo, Manu se mantendría en Italia donde daría un despegue a su carrera, ahora con Virtus Bologna.

 

Imagen vía Manu Ginóbili 

 

Italia lo ayudaría a crecer como jugador y a catapultar aún más su carrera. Con el Bologna – aquel equipo que le entregó la derrota poco antes – Ginóbili hizo lo que ningún otro argentino habría hecho en tan sólo dos campañas con la franquicia. Se convirtió campeón de la liga italiana en el 2001, conquistaron la Copa Italiana en 2001 y 2002, se volvían campeones de la EuroLiga en 2001, Manu siendo nombrado MVP de las finales, siendo el primer latinoamericano recibiendo ese reconocimiento, y en esas dos temporadas también tendría dos nombramientos de MVP de la liga italiana. Durante su periodo en Italia, además fue seleccionado al Juego de las Estrellas en tres ocasiones.

 

Imagen vía Manu Ginóbili 

 

SELECCIÓN NACIONAL

 

Regresando unos años al primer llamado que tuvo Manu Ginóbili para la Selección Nacional de Argentina en el año de 1996, para el campeonato sudamericano sub 22 celebrado en Vitoria, Brasil, ni él ni Luis Scola eran primera opción para ir. La Liga Nacional pasaba por la postemporada en el mismo mes, y muchos jugadores de renombre no podían asistir. Argentina terminó en segundo lugar, perdiendo la final ante Brasil, y Manu arrancaría su carrera paralela con la selección que pronto tendría su época de oro.

 

La selección sería vital para la carrera de Manu, marcando ese mundial de 1997 ya mencionado donde Buford lo identificaría. Pero existieron dos puntos de inflexión en el que Argentina se les consideraría grandes en el baloncesto. El primero sería en el mundial de Indianápolis en 2002. Para el torneo, como siempre, se perfilaba que EUA quedara campeón, más porque desde el Dream Team original de 1992 la selección no había perdido un solo partido. Argentina, liderados por Ginóbili, Scola y otros conocidos como Fabricio Oberto y Andrés Noccioni, arrasó en la primera ronda y se colocaron en la siguiente etapa donde también estarían los EUA. Marcados por talento jugando en conjunto, tanto EUA como Argentina mantenía su invicto cuando se enfrentaron el 4 de septiembre de 2002. Para la sorpresa de todos, Argentina marcó el paso, EUA buscaba alcanzarlos y nunca lo logró. La selección estadounidense perdía por primera vez en su historia cuando se formaba de jugadores profesionales, en este caso con jugadores como Paul Pierce, Reggie Miller, Michael Finley y Ben Wallace por nombrar algunos. Indianápolis se convertía en fiesta albiceleste y el mito de invencibilidad de EUA quedaba rota. Al final, EUA perdería de nuevo ante España para quedar eliminado, Argentina pasaba la final para enfrentar a la extinta Yugoslavia, comandada por Pedrag Stojavic, Vlade Divac y Marco Jaric, que se llevaría el campeonato. Argentina, sin embargo, ya era grande y la era dorada era realidad.

 

Manu, fichado por los Spurs de San Antonio, ahora llegaba a la NBA con un subcampeonato mundial y numerosos reconocimientos de Europa. En cuanto la segunda inflexión de grandeza por parte de la selección argentina, llegaría en los Juegos Olímpicos de 2004 en Atenas.

 

La llamada generación dorada de Argentina enfrentaría en su segundo partido al equipo equivalente que les había ganado la final dos años atrás, ahora con como Serbia y Montenegro. Ginóbili ya era figura en la NBA y se volvía figura olímpica con un cierre de ensueño para darle victoria a su país.

 

En la semifinal Argentina enfrentaría de nuevo a EUA que había convocado a sus grandes figuras de la era moderna como Allen Iverson, Dwayne Wade, Carmelo Anthony, Lebron James, y Tim Duncan entre otros. Pero esos nombres no tuvieron efecto ante una Argentina que jugaba en equipo, con eficiencia y orden, mareando a EUA, confundiendo su defensa, y dejándolos sin poder quitarse la espina de esa derrota anterior.

 

Argentina llegaba a la final que sería de mero trámite para el equipazo argentino. La Selección Nacional de Italia nunca pudo acomodarse sobre la duela, y la coronación olímpica era más que adecuada: oro para la generación de oro.

 

 

 

LA ENE-BE-A

 

Para el año del 2002, Manu se encontraba nuevamente listo para el siguiente paso, un reto más grande, y por fin se uniría a la NBA, con el equipo que lo había elegido unos años antes en 1999, los Spurs de San Antonio. El argentino llegaba a un equipo sólido, comandado por su joven estrella Tim Duncan, apoyado por el viejo rostro conocido de San Antonio, David Robinson, otro veterano en Steve Kerr, y por el joven francés Tony Parker quien prometía revolucionar el ritmo de los Spurs. Manu se introducía al más alto nivel del basquetbol en un equipo balanceado entre estrellas, veteranos, jugadores de rol y pisando la cancha para ver un juego más veloz, más físico y más talentoso del que jamás había experimentado.

 

No había más que poder sonreír. Manu Ginóbili curiosamente elegiría el número 6 que había usado en Italia para jugar, pero jamás se presentaría con ese jersey, pues era el número que portaba Avery Johnson, el armador zurdo que sería clave para el campeonato de San Antonio en 1999. En forma de respeto, Ginóbili optó por el número 20.

 

El debut oficial en la NBA se daría el 29 de octubre del 2002. No era un joven novato, Manu tenía 25 años, y una gran trayectoria en Europa. Si bien el salto fue grande, la presión era bienvenida. Los Spurs enfrentaban a los Lakers de Los Ángeles, Manu defendería a Kobe Bryant, y el argentino finalizaría su primer juego con 20 minutos de actividad, 7 puntos, 4 robos y 3 asistencias. Nada mal, Manu.

 

Su carrera iniciaba un nuevo camino, y aunque sufrió de una lesión que truncó el potencial de su aparición, Manu se fue adaptando poco a poco a la NBA, y tomando a todos de manera inesperada, con la excepción de Buford y los Spurs quienes sabían a la perfección lo que Ginóbili traería a la mesa. De la segunda ronda del draft salen pocos nombres recordados, pero el argentino pronto establecía el suyo, reconocido como Novato del Mes de la Conferencia Oeste en marzo, y como miembro del equipo secundario All-Rookie al final de la temporada. Los Spurs tendrían una gran temporada y Ginóbili se volvía una pieza vital para la rotación de Gregg Popovich, participando en cada partido de la postemporada, y las defensas ya no entendían a quién cubrir con la amenaza adicional que representaba Manu. Los Spurs terminarían campeones de la NBA al vencer a los Nets de Nueva Jersey, y Manu, el novato ya estaría presumiendo su anillo.

 

Ginóbili otra vez marcaría historia, al ser el segundo jugador en obtener campeonato de la EuroLiga, oro en las olimpiadas y 1 campeonato de la NBA, el primero en lograr esta hazaña sería Bill Bradley entre los años 60’s y 70’s -Hay que dejar claro que muchos jugadores de la NBA si hubieran jugado en Europa, probablemente hubieran ganado la Euroliga.

 

Conforme pasaban los años, Manu sería distinguido rápidamente por su estilo de juego, pases por detrás de la espalda, balones entre las piernas de sus adversarios, tiros de tres, coladas, coladas con giro, explosividad llevado a clavadas, pero sobre todo sería el que revolucionaria el juego popularizando el euro step, que después utilizarían figuras como Dwayne Wade y James Harden.

 

 

Como lo mencionó RC Buford cuando puso su mirada en él, “no era el mejor, ni el que más talento tuviera, pero sí el que más pasión por el juego y por su equipo mostraba”. la frase de Buford describiría perfectamente el tipo de persona que conocerían en Manu Ginóbili. El argentino con gusto tomó su rol desde la banca, aun después de haber obtenido cuatro campeonatos, dos llamados al Juego de Estrellas, premio por el Sexto Hombre del Año, incluso estar nominado al MVP de la liga. Manu era Manu, con el balón en mano o en defensa, en la cancha o en la banca. A sus 40 años seguía igual, haciendo lo que las grandes estrellas a veces olvidan hacer, como ponérsele en frente a los más peligrosos o alcanzarlos desde atrás, así como lo hizo ante Harden para ganar un juego 5 de los playoffs. Por este tipo de jugadas a sus 40 años es que se le conociera por sus compañeros como GranpaJuice, haciendo alusión a esa energía de abuelito que nadie entiende.

 

 

Al final la figura de Ginobili será recordada en la historia de la NBA y el baloncesto, y sí, es el histórico latinoamericano por excelencia, pero su legado va mucho más allá que en representación de una región. Su basquetbol, así como el de los realmente grandes no sólo se basa en estadísticas o campeonatos, y esto se refleja en la estatua que existe de él en Bahia Blanca, su jersey retirado que cuelga en lo alto, y hasta en el día de Manu Ginóbili que se declara los 30 de agosto en San Antonio, declarado por el alcale Ron Nirenberg. Es casi en automático que veremos a Ginóbili como miembro del Salón de la Fama en el 2022. Qué podemos decir nosotros si toda una temporada el mundo del baloncesto fue repitiendo un rotundo #GraciasManu. Sólo nos queda repetir: ¡Gracias Manu!

 

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