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El defeño: Rafa Sandoval

TEXTO: ORLANDO MAYORGA

En el 2003 fue la primera vez que fui a un partido de la Liga Nacional de Baloncesto Profesional (LNBP). En ese tiempo sólo sabía que existía la NBA, así que era algo nuevo para mí.  Recuerdo muy bien el partido, el equipo local, la Ola Roja del entonces Distrito Federal, y el momento en el que se hizo un cambio por el movedor. El jugador que ingresó tenía el número 14 sobre la jersey impresa con el rojo y blanco del equipo, y al instante el público empezó a aplaudir con fuerza y a gritarle con entusiasmo: “¡Vamos Rafa!”. Me llamó la atención. Entre el anuncio del número 14, el vitoreo de la gente, y mi fanatismo por el basquetbol descubriendo la liga mexicana, ese día fue cuando supe de la existencia de un tal “Rafa Sandoval”.

Imagen: Colección privada / Rafa Sandoval

La entrada de Rafa era evidente no sólo por la reacción de los aficionados, sino por el ritmo que imponía con su juego. Con el tiempo fui conociendo más nombres del básquet nacional, pero en la ciudad el más nombrado era el de Rafa. De mi parte, yo ya estaba completamente inmerso en el basquetbol, no sólo como fanático, sino como jugador. Entrenaba diario durante largas horas que las sentía cortas. Y por azares del destino, un amigo me llevó a entrenar a un club, Estrellas del IndeBasquet. Ya con los tenis puestos y sobre la duela, me encontré con ese mismo número 14 de la Ola Roja. Ahí estaba Rafa, calentando, igual que yo, alistándose para entrenar pues estaba fuera de temporada y era en IndeBasquet donde practicaba. Nunca me imaginaba entrenando con alguien a quien consideraba un ídolo. Yo hacía lo mío, pero no me la creía bien en el momento.

Me adelanto varios años, y ahora puedo decir que Rafa es amigo mío, que compartimos la duela numerosas veces más después de ese primer entrenamiento, que platicamos de básquet, y también de todo lo demás; y quince años después de ese momento que lo vi entrar a ese partido en el 2003, ahora estoy frente a él sosteniendo un aparato en mi mano grabando su voz mientras le pregunto una cantidad de cosas.

El INICIO

Mi nombre completo es Rafael Sandoval Solorio. Crecí en la delegación Iztacalco, exactamente en la colonia Reforma Iztaccíhuatl. Ahí me la pasaba jugando fut, jugaba de portero, y estudiando, por supuesto. Así era mi día a día.

Un día, a mis 14 años, salí a caminar a un parque cerca de mi casa, el Parque de los Patos (Parque Mariano Matamoros), donde habían unas canchas de básquet, y vi que en las canchas había un grupo de chicos jugando. Me llamó un poco la atención así que me quedé viendo un rato. Podría decir que ése fue el momento en el que me enganché un poco con el básquet.

Una semana después regresé con esos chavos y les pedí que si me daban chance de jugar, algunos me tomaron de loco – me imagino que por mi edad – otros me dijeron que no había problema: “éntrale”.

Todos los que jugaban ahí ya se conocían y al principio estaban muy renuentes de que jugara con ellos, me imagino que era por ser el nuevo y por mi edad, pero poco a poco me fui ganando la amistad de varios. Hasta me pusieron mi primer apodo dentro del básquet, “El Morro”.

Uno de esos nuevos amigos en esas canchas era José Aureliano, “El Morris”. Fue él quien me invitó a jugar a un equipo en la Benito Juárez, y recuerdo que era tercera fuerza, donde ya se jugaba con reglas, había árbitros y hasta uniformes teníamos. Ése fue mi primer acercamiento a un baloncesto más formal. Este mismo amigo, al verme posibilidades, después me invitó a otro de sus equipos, pero ahora en la delegación Venustiano Carranza. Ahí se jugaba buen nivel de básquet. Imagínate, aquí tenía casi 15 años, creo que aún no cumplía un año de jugar basquetbol, y ahí llegué a enfrentarme a jugadores de liga mayor, jugadores de selección nacional, y francamente yo ni sabía quienes eran. Y sin ningún temor o nervios, les metía canastas, les tiraba, creo que el básquet se me dio muy fácil.

Imagen: Colección privada / Rafa Sandoval

LA CONSCIENCIA

Cuando jugaba primera fuerza en el Deportivo Venustiano Carranza, una persona me dice que si quiero formar parte de la selección pasarela de la delegación. Empecé a entrenar y a jugar con ellos, llegamos hasta la final contra el equipo Orión – casi les ganamos – y a la semana de eso nos llama Jaime Avendaño a mí y a mi amigo Hans Ávila, y nos dice que si queremos ser de la selección del Distrito Federal. Al igual que jugar primera fuerza, no sabía a qué grado era eso, para mí seguía siendo diversión, seguía gozando el juego, no tenía un objetivo de a dónde quería llegar, sólo jugaba porque me gustaba. Llegamos al campeonato pre-nacional, lo ganamos; y después vamos al campeonato nacional, y lo ganamos. De ahí, por nuestra edad, subimos a la categoría juvenil y pasó la misma historia: quedamos dos veces campeones nacionales.

Imagen: Colección privada / Rafa Sandoval

Aquí empieza mi primera decepción en el básquet. Después de ganar tres campeonatos nacionales seguidos nos llaman a una pre-Selección de México. Nosotros que somos los campeones nacionales de varios años, que jugábamos más que muchos, lo digo con objetividad incluso hoy en día que lo recuerdo, no nos quedamos en la Selección Nacional porque habían muchas palancas y querían estatura, todos mínimo de 1.9m para arriba.

Imagen: Colección privada / Rafa Sandoval

Esa Selección de México la empezaron a foguear con equipos de todo el mundo, y al siguiente año, en el campeonato nacional jugamos contra los que eran Selección Nacional y les volvimos a ganar. Eso pasó como tres años y seguían sin tomarnos en cuenta. Te cuento todo esto porque aún así, no existía en mí esa conciencia de saber si era bueno. De hecho no sabía que era bueno, me sentía competitivo, pero hasta ahí.

Cuando ya supe que era bueno, fue cuando a nivel nacional, los jugadores que tenían esa experiencia en juegos centroamericanos, me empezaban a reconocer. Llegaba al nacional y decían “ahí viene Rafa Sandoval, es un dolor de güagüis” o “voy a enfrentar otra vez al chilango”, y ya te saludaban, y te trataban al nivel.

Y como ellos eran jugadores que son de Selección Nacional, con experiencia internacional, casi no le hablaban a nadie, se sentían otra cosa, y cuando ellos te reconocían es cuando sabías que eras bueno, al menos es ahí fue cuando lo sentí.

Pensaba: “Soy un jugador defeño que ha ganado muchas cosas, hay muchos jugadores como yo que no han ganado lo que yo he ganado”. A nivel internacional no puedo decir nada, ya que no tuve la oportunidad, pero a nivel nacional, si había ganado muchos torneos importantes, ya estaba empezando a jugar profesional, venían los seleccionados y te empiezan a reconocer, y ahí es donde me la empiezo a creer, me empiezo a decir: “soy bueno”.

EL BASQUETBOL COMO PROFESIÓN

Yo jamás tenía en la mente ese objetivo de jugar profesional, lo mío fue circunstancial. De las primeras veces que me dieron algo a cambio de jugar fue en el Deportivo Moctezuma, con el equipo San Andrés, el equipo del señor Felix Donaldo. Ahí les pagaban a unos jugadores y a otros nos daban unos tenis y si nos iba bien, nos daban para el chesco y los pasajes. Creo que lo que más me dio fue en un 10 de mayo, una estufa para mi mamá. Estábamos chavos, no requeríamos de mucho y lo seguíamos haciendo por amor al deporte.

Cuando terminé la preparatoria, mi chica y yo nos embarazamos y todo cambió. Ya no podía jugar por amor al deporte, así que pregunté si me daba una lana como a otros, no se pudo, no hubo un acuerdo y tuve que buscar otra oportunidad.

Empecé a trabajar y a estudiar en la Facultad de Estudios Superiores Aragón de la UNAM, buscando de dónde sacar recursos para solventar todos los gastos, ya que nos fuimos a vivir solos. Por eso es que no me pasaba por la cabeza jugar profesional.

¿Qué sucede? Me voy a trabajar a una empresa de videojuegos, Osaka Video Tokio, donde el dueño de la empresa, Antonio Guido, tenía un equipo y me empieza a pagar por jugar, así que se me hizo más fácil. Daba clases de basquetbol, trabajaba en esa empresa, entrenaba en la noche, y estudiaba en los ratos que podía, aunque por tantas cosas en las que estaba, el estudio ya lo estaba dejando a un lado.

Después llega una oportunidad con la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), que te daban una plaza nada más por jugar. En ese tiempo muchas secretarías hacían eso, lo hacía la Marina, la Secretaría de Comunicaciones y Transporte, Hacienda, Tesorería, IMSS, guardias presidenciales… Todas esas plazas eran bien pagadas y era un trabajo de gobierno, te contrataban por jugar y te pagaban todo el año. Al estar bien pagadas y ser algo estable, muchos jugadores de buen nivel competían en esa liga, que era la liga mayor. Esta liga era muy importante y tenía un impacto grande a nivel nacional. Yo me apunté y estuve muchos años jugando para la SSP. Aquí podríamos decir que ya era algo profesional porque ya existía un pago de por medio, pero de alguna manera, seguía siendo básquet amateur.

LA OLA ROJA

En algún momento, Manuel Raga, que en aquel entonces era el entrenador de Tamaulipas, viene al Distrito Federal buscando un movedor para su equipo profesional. Estuvo observando muchas ligas, me vio y me invitó. Ahí fue cuando en verdad ya estaba en una liga profesional y ya se me podía considerar un jugador profesional.

La liga profesional era el CIMEBA (Circuito Mexicano de Basquetbol), y yo jugué con Correcaminos de Ciudad Victoria por el año 1997-98. Con Raga en Correcaminos yo era el jugador nueve, diez, u once, y cuando veníamos a jugar contra Los Aztecas de la ciudad – él sabía que soy de la ciudad – me daba algunos minutos que aprovechaba. De repente metí como 16 puntos, algunas asistencias, y después pasó lo mismo cuando fuimos a jugar a Pachuca. Y de ser de los últimos de la banca, me convertí en uno de los primeros relevos. La gente en Ciudad Victoria ya me reconocía y pues se sentía padre, se sentía bien.

Terminó la temporada, creo quedamos en segundo porque nos ganó Tampico que tenía un súper equipo, y yo dejé de jugar profesional como dos años por cosas normales de la vida. Después empezó otra liga profesional, Circuito de Basquetbol Profesional (CBP) y se empezó a caer el CIMEBA. En esos momentos es cuando empieza a surgir la LNBP porque había una ruptura en la situación interna de la federación y los directivos se estaban agarrando entre ellos.

Cuando se crea la LNBP, en el Distrito Federal empieza un proyecto con un equipo profesional: La Ola Roja. Yo tuve la oportunidad de jugar durante todo el tiempo que la Ola Roja tuvo vida.

Imagen: Colección privada / Hans Ávila

Como dato curioso, el registro número uno de la LNBP soy yo, Rafael Sandoval. La verdad es que yo no sabía, lo supe años después ya cuando las redes sociales tenían más apogeo. Alguien pone la nota y me empiezan a cotorrear diciendo “eres el número 1, ese mi número 1”. No sabía de qué hablaban hasta que me enseñaron la nota, pero en el carnet que tiene la LNBP, el registro 1, es Rafael Sandoval, yo no tengo ese carnet.

Después de unos años con la Ola Roja, llega un entrenador argentino, Ricardo Daniel Maffei. Se trajo su movedor para tener cambios en el equipo, mejores resultados. ¿Qué pasó? Seguían siendo los mismos resultados, estábamos en último lugar. Después llega el profesor Héctor “Terry” Macías y empieza a darme mucho juego y lo aproveché, igual como sucedió con Raga en Correcaminos.

Imagen: Colección privada / Rafa Sandoval

Con “Terry” en la Ola Roja terminé como el movedor indiscutible. Ya promediaba 17 puntos, 7 asistencia, y ya teníamos una buena racha de juegos ganados. Uno de los partidos de visita nos toca jugar contra Guadalajara y me hablan para darme una invitación a la Selección Nacional, para ir a jugar los juegos de la buena voluntad, los Goodwill Games. Muchos jugadores de renombre no fueron, no los llamaron o no sé por qué no habrán ido. A mí me invitan, paso de la pre-selección a la selección y juego 1 minuto contra un Dream Team de jugadores que tenían dos o tres años en la NBA, como Baron Davis, Jermaine O’Neal, Wally Szczerbiak, Kenyon Martin, Shawn Marion… También jugamos contra Argentina, Cuba, Canadá, varios juegos y todos muy buenos, algunos nos dieron una chinga.

Este es el punto de inflexión en mi carrera, ya que si Raga – quien para mí hasta ahora ha sido el mejor jugador en la historia que ha tenido México – no hubiera venido al DF a reclutar y buscar a su movedor, no hubiera jugado con la Ola Roja; y no me hubiera dado a conocer con entrenadores extranjeros porque en los campeonatos nacionales sólo te conocen los jugadores y entrenadores mexicanos, pero cuando juegas profesional, conoces a jugadores extranjeros, a entrenadores extranjeros y tu nombre ya está en más bocas.

EN MÉXICO NO ES FÁCIL

Muchas personas en la Selección Nacional, por mucho tiempo estuvieron ahí por contactos. Sí tenían buen nivel, pero habían otros jugadores que tenían mejor nivel y más talento, pero no tenían ese apoyo o el contacto correcto con el cual pudieron haber llegado más lejos. Entonces es eso. En México si no tienes contactos y sólo tienes el talento es muy complicado hacer cosas.

Veías jugadores que eran sobrinos y ahijados de alguien con poder o palancas, y como en todo, están en posiciones que no deberían de estar. De nuevo, no estoy diciendo que no tuvieran nivel para jugar, pero sí habían jugadores que tenían mayor nivel y se les ignoraba. Se complica mucho la carrera de jugadores talentosos, incluso terminan sin tener carrera. También afecta el crecimiento del basquetbol en el país.

Otro ejemplo se vio en mi generación. Nosotros ganamos, como DF, el campeonato nacional por tres años consecutivos. De esos tres años, dos jugadores repetimos como titulares, y ninguna oportunidad en la selección. Veías la Selección Nacional con otros jugadores que estaban en la banca de otros equipos y que no tenían ese nivel competitivo que la verdad en ese tiempo yo sí tenía. Sólo los llamaban porque medían más de 1.9m y tenían un padrino en poder, o un apellido con peso en el medio.

También hay un lado contrario a éste pero no es muy común. Ahorita pongamos el ejemplo de Gustavo Ayón. Su historia rápida: lo sacan del estado de Nayarit porque le ven talento, lo becan, le empezaron a dar un apoyo y empezó a crecer poco a poco. Hoy ya pasó por la NBA y es un jugador exitoso en Europa.

RAFA EL ENTRENADOR

Toda la vida fui entrenador, desde que estaba en la Ola Roja. Después de la Ola Roja me llamaron al equipo de los Pioneros en Cancún y tomé la oportunidad. Después jugué con Estrellas de IndeBasquet cuando estuvieron como equipo profesional. Sólo cuando me fui a Cancún dejé de ser entrenador pero siempre tuve otro trabajo además de ser jugador profesional. En Titanes de hecho me contratan como asistente. El equipo era de una persona de Guadalajara. Pero el equipo tiene problemas de dinero y me dicen, “ahora tienes que volver a jugar”. Ése fue el último año que jugué como profesional. Hasta me hicieron mi segundo despido de la cancha porque el primero fue con Estrellas.

No tuve una transición de jugador a entrenador. Siempre fui los dos, siempre estaba trabajando mientras jugaba. Hoy en día sigo entrenando gente, ahora en el Deportivo Moctezuma, el equipo de Estrellas de IndeBasquet, entreno la categoría de doce años. También entreno a la selección varonil de la Universidad Marista.

20 AÑOS DESPUÉS

Veo un problema grave y es que hace 20 años nosotros no pedíamos una oportunidad, íbamos y nos la ganábamos. No decíamos, “dame chance yo puedo jugar ahí”. Teníamos que demostrar sin pedir, éramos banca, no nos metían, nos ignoraban.

Creo que la diferencia de las generaciones de ahorita a las de antes, es lo que les digo a los chavos, nos dolía que nos metieran una sola canasta. Siempre queríamos ser mejores que el que estaba dentro, en la cancha. Si a él le aplaudían una canasta y lo reconocían, nosotros también queríamos lo mismo, y lo hacíamos sin miedo. Eso sí, sin pensar en que éramos los mejores.

Creo que si hubiéramos creado ese pensamiento de “¿quién es mejor?”, hubiéramos tambaleado y nos hubiéramos achicado diciendo ellos son mejores por el hecho de estar en la selección, pero no, nunca pensamos eso. Siento que la mentalidad de antes era más fuerte a la de ahora. La de ahora piden su oportunidad en vez de ir y demostrarlo. Si juegan en equipo medio o bajo, no buscan ir a un equipo de primer nivel y probarse, y es por miedo. Hay que demostrarle a los entrenadores, demostrarle que puedes contra ese extranjero, porque eso es algo que existía antes y existe ahora.

Antes no nos quejábamos diciendo hay mucha grilla, no me quieren, prefieren al extranjero. Simplemente demostrábamos en la cancha cuando teníamos la oportunidad, y ahora no, prefieren salirse o regresarse a su equipo de menos nivel, y ponen como excusa que prefieren a los extranjeros.

Tú eres tan bueno o reconocido, como lo digan las personas que saben de basquetbol, no lo que dicen tus familiares o tus amigos. No importa si tu papá o tus amigos dicen que eres bueno, importa si todos los demás te reconocen.

Hoy hay muchas maneras de encontrar las oportunidades. Yo tuve mis obstáculos pero sobretodo yo jugaba porque me gustaba, por el amor al deporte. He formado parte de todo tipo de baloncesto, callejero, pueblerino, que ahora se le conocen como las merces, y baloncesto organizado. Pero todo se fue dando solo porque seguía jugando porque quería, y sin miedo, campeonatos de liga mayor, distritales, nacionales, ser parte de varios equipos profesionales, ser parte de la Selección Nacional como jugador y como entrenador de la selección varonil sub-16 con los que llegué a un pre-mundial con los chavos. Y algo que gané y seguí ganando es todos los amigos que haces en esa trayectoria. Eso es algo que me sigue dando satisfacción.

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