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El Fenómeno: Giannis Antetokounmpo

TEXTO: DJATMIKO WALUYO

 

Dice mucho un hecho como el que tu apodo oficial contenga el adjetivo “fenómeno”. Es el caso de Giannis Antetokounmpo, conocido como el “Greek Freak”, el fenómeno griego. Pero catalogarlo como griego conlleva una historia un tanto complicada, denominarlo como un fenómeno, no tanto. El candidato y para muchos favorito para ganar el Jugador Más Valioso de la NBA este año ha sido el rostro de los Bucks de Milwaukee en los últimos años. Si ya podíamos decir desde hace un par de años que Antetokounmpo se había desarrollado en uno de los jugadores más dominantes de la liga, es una verdadera locura pensar que no ha dejado de mejorar año tras año. Esta temporada no fue la excepción, y ha llevado al equipo a un siguiente nivel con el mejor récord de la liga. Giannis apenas cumplió 24 años el pasado mes de diciembre, un dato que se suele olvidar rápido, pero el camino que ha tenido pareciera haber requerido muchos años más de los que tiene. En un momento delicado para la socio-política de la migración y las poblaciones desplazadas, la historia de Giannis además representa mucho más que un caso de éxito sobre la cancha. Figura como personaje de esperanza para familias obstaculizadas por su realidad inmediata, y que se atreven a tomar el camino aventurado y lleno de sacrificios por algo en lo que creen y parece prometer.

 

Imagen vía Milwaukee Bucks

La historia de Giannis arranca mucho antes de su fecha de nacimiento, y empieza en Nigeria, un país dependiente del petróleo y que entraba a la década de los 90 con mucha inestabilidad. Nigeria en los 90, de hecho, se caracterizó por crisis política y económica bajo un sistema autoritario y militar. Es en 1991 que Charles Antetokounmpo, un ex jugador de futbol, y su esposa Verónica, una ex atleta de salto de altura, decidieron salir de Lagos, Nigeria junto a una ola de inmigrantes buscando mejorar sus condiciones de vida. Tuvieron que dejar a su hijo Francis bajo el cuidado de los abuelos mientras buscaban suerte. La pareja terminó en el barrio de Sepolia en Atenas. En Grecia, nacerían cuatro hijos más, Thanasis, Giannis, Kostas y Alexis. A diferencia de otros países, las regulaciones en Grecia no dan nacionalidad a las personas por el mero hecho de haber nacido ahí. Como inmigrantes, ahora Charles y Verónica tenían cuatro hijos nacidos en Grecia pero sin identidad legal. La familia se encontraba en una zona gris de política migratoria.

 

Imagen vía Giannis Antetokounmpo

 

Los Antetokounmpo estaban en el extranjero, tenían hijos que Grecia no reconocía, pero que tampoco eran nigerianos. La situación en Grecia además empeoraba. Justamente a inicios de los 90, la inflación en el país era acelerada, las deudas nacionales se incrementaban, y aunque poco a poco mejoraba durante la década y hacia la introducción del Euro como moneda, había una duradera sensación de crisis. Mientras la economía griega pasaba por malos momentos y la sociedad buscaba señalar culpables, lo lógico de los tiempos modernos era sencillo: voltear a ver a los migrantes como responsables. Eso era más fácil todavía si eran negros y africanos. Charles y Verónica batallaban tan sólo para encontrar empleo y hacían lo que podían, desde trabajar en los campos hasta vender productos en las calles, o cualquier tipo de labor como obrero que pudiera poner algo de comida en la mesa. Mientras tanto, Giannis y sus hermanos comenzaban a vender productos como relojes, bolsas y lentes en la calle, todos ayudando para poder sobrevivir.

 

Desde una temprana edad, tal vez sabiendo el gen atlético que tendrían los hijos, Charles les empezó a instruir con técnicas y ejercicios de movimiento dirigidos para el futbol. Sin la intencionalidad de lo que se convertiría, y al igual que el primer ídolo de basquetbol africano, Hakeem Olajuwon, esa destreza con los pies que desarrollarían marcaría el estilo característico de Giannis y sus hermanos.

 

Los Antetokounmpo serían futbolistas, pero el de repente hubo un paso del futbol al baloncesto. Thanasis se le acercó a Giannis un día y causalmente le dijo: “quiero jugar basquetbol”. Así de sencillo fue el momento que describió el mismo Giannis que lo dirigió al basquetbol. No se estaban viendo a sí mismos como unos atletas altos y aptos para el deporte porque tampoco destacaban demasiado en cuanto altura cuando eran más jóvenes. Thanasis simplemente vio el básquet, le llamó la atención y no quería jugar solo. Por su lado, Giannis sólo quería estar a lado de su hermano mayor.

 

 

Era el 2007 cuando Giannis comenzó a jugar básquet. Tenía trece años de edad, y para el 2009, ya estaba jugando con las filas juveniles del Filathlitikos, un equipo de la liga semi-profesional de Grecia. La integración de Giannis al equipo sería un parteaguas para él y para su familia. Personas asociadas a la liga empezaron a apoyar a la familia, y ayudando a que Verónica encontrara trabajo. Para el 2011, a los 16 años, Giannis se había integrado al equipo mayor, primero en la tercera división, y poco después en la segunda. Ganando 200 dólares al mes, Giannis lograba ayudar a la familia mientras se desarrollaba como basquetbolista, y empezaba a ser reconocido.

 

 

El agente Alex Saratsis lo había firmado viendo claramente el potencial de Antetokounmpo, y le predijo: “en un año y medio estarás en el Draft de la NBA”. Varios equipos europeos buscaban firmarlo, incluyendo el Barcelona y el Efes de Turquía. Apenas unos días después de cumplir 18 años, en diciembre de 2012, Giannis decidió firmar un contrato de cuatro años con el Zaragoza de España, pero primero terminaría su temporada en el Filathlitikos.

 

Con un pasaporte recién tramitado, oficial y legalmente convertido en ciudadano griego, en abril del 2013, Giannis se declaró para el Draft de la NBA, y la visión y las palabras de Saratsis se volvían certeras. La NBA invitó a Giannis a la ceremonia ese junio de 2018, y jamás llegaría al Zaragoza porque los Bucks de Milwaukee nombraron a ese joven de 18 años con apenas cinco años de conocer el basquetbol como la selección número quince. Si el Filathlitikos representó un parteaguas, el Draft de la NBA del 2013 confirmó su destino.

 

 

Sin saber dónde era Milwaukee y apenas hablando inglés, el adolescente de 18 años estaba nervioso de estar lejos de su familia. Giannis estaba solo, hablaba y le mandaba mensajes a su agente todos los días en búsqueda de familiaridad. Nunca había estado lejos de sus padres y hermanos, estaba vulnerable, temeroso, y dormía en el gimnasio porque no tenía razón para ir a una casa vacía. La complejidad de las visas americanas agregaban a la angustia, pues sus padres recibían una notificación negativa una y otra vez.

 

Giannis pisaba la cancha de los Bucks como novato y aún no terminaba de crecer. En los registros oficiales, se marcaba su altura de 2.05m. Necesitaba fortalecer su cuerpo para competir en la NBA. Aunque el hambre del triunfo y la naturaleza competitiva de Giannis lo tenían esforzándose más que nadie, a la vez tenía la sensación de querer irse a casa. Por un lado aún era un chamaco de 18 años. Por otro lado, estaba solo en un país extranjero sin su familia que había llevado todas las batallas en unión. Tal vez Giannis heredó y continuó parte del camino que arrancó su padres cuando salieron de Nigeria y terminaron en Grecia. El sueño de poder llevar a su familia a una mejor vida cuando los Bucks lo nombraron en el draft comenzaba a volverse realidad, pero la familia no llegaba. Después de unos meses, Giannis recibió la noticia. La visa llegó, y su familia llegaría pronto. Con la noticia había un sentido de tranquilidad. Finalmente había traído a su casa con él. Todo comenzaba a tener más claridad, y ahora era enfocase sobre la cancha.

 

De novato tuvo la oportunidad de ser titular en 23 ocasiones, no hizo nada revolucionario y terminó con promedios de 6.8 puntos por partido, 4.4 rebotes, 1.9 asistencias y 0.8 tanto en robos como tapones. Pero en momentos se observaba el potencial que todos veían en él. Giannis seguiría creciendo, en todos los sentidos. Para su tercer año en la NBA, había crecido seis centímetros más y subido a 110 kilogramos de peso. En el primer partido de la temporada 2015-16, Giannis anotó 27 puntos, y su mirada había cambiado. Tenía 20 años de edad. Aún demasiado joven para tantas cosas, pero con un camino largo que lo obligó a ser adulto desde niño, esa mirada tenía un reflejo de madurez y entendimiento. Se había adaptado a la vida de los EUA y al ritmo de la NBA. Entendió que ya no era un proyecto y que esos lapsos mágicos que mostraba sobre la cancha podían ser un constante en su juego. Nacía “The Greek Freak”, el fenómeno griego.

 

El resto ha sido una historia que hemos logrado ver en tantos formatos de la era digital. La misma NBA ha estado repleto de videos de Giannis volando en el aire, azotando el balón como defensivo, o volcándola encima de innumerables jugadores dejando tanto a la afición como a los mismo jugadores boquiabiertos. Giannis recorre la cancha entera en apenas unos pasos, o si quiere simplemente se eleva desde la línea de tiro libre para terminar las jugadas. Giannis es un fenómeno en todos las formas posibles.

 

El impacto Antetokounmpo rebasó la cancha. La ciudad de Milwaukee gozó del llamado “Efecto Giannis”. La economía de los Bucks mejoró, provocando llenos completos y un alza de ventas de mercancía. Están construyendo un nuevo estadio para el equipo, y alrededor de éste diversos complejos de departamentos, restaurantes y espacios de entretenimiento. El impacto de Giannis tiene un panorama de 360 grados. Pero por muy fenómeno que sea, Giannis sigue siendo un joven de familia disfrutando la posibilidad de poder ayudar a sus padres y sus hermanos, y hasta cierto punto, incluso ha demostrado ser algo inconsciente de su magnitud.

 

Imagen vía Wikimedia

 

En el 2015, Giannis y Thanasis estaban en Grecia durante el verano cuando lanzó un tuit que estarían yendo al parque a jugar. “Pensé que habrían unos 20 o 30 tipos”, explicó en su momento, pues querían ir a jugar un poco de basquetbol en su barrio antiguo. El suceso se volvió todo un evento con miles de personas acudiendo al parque, mientras periodistas y televisoras de cada uno de los canales griegos llegaron con sus cámaras, todos reunidos entusiasmados por ver a los Antetotounmpo. De no tener papeles ni identidad legal, el “Greek Freak” se volvió un ídolo en Grecia y en diferentes continentes representando la historia de una familia de inmigrantes, superando las circunstancias y haciendo realidad el tema de esperanza. Que mantenga la humildad y los pies en la tierra para querer seguir jugando en su parque y pensar que no va a llamar la atención habla mucho de Giannis y de la educación que le dieron sus padres.

 

 

Los siguientes dos años tendrían buenas y malas. Por un lado, Giannis firmaría una extensión de contrato con los Bucks en el 2016 con un valor de 100 millones de dólares por cuatro años. Esa temporada, se convirtió en el primer jugador en la historia de la NBA en terminar dentro de los mejores 20 en puntos, rebotes, asistencias, robos y tapones, liderando a los Bucks en cada una de esas categorías. Recibiría el reconocimiento de Jugador Más Mejorado del Año, y confirmaba el valor de su contrato.

 

El siguiente año, en el 2017, fallecería su padre, Charles Antetokounmpo, aparentemente de una complicación cardiaca. “Nunca hubo un día en mi vida que le haya llamado y no estuviera ahí para mí”, mencionó Giannis sobre su papá ante los medios. “Podría estar sentado en un sofá siendo un flojo y le pediría que me trajera algo de comida, y siempre sería un ‘sí, sí, te lo traigo’. Y era feliz, muy feliz por todos sus hijos.

 

“Es difícil, perder a alguien que amas es difícil, a alguien que ha estado ahí desde el día uno, especialmente para nuestra familia porque somos cercanos. Un día a la vez estamos mejorando. Está bien estar triste. Amábamos a nuestro padre. Mi madre amaba a su esposo. Pero al final del día, creo que hizo lo que tenía que hacer en este mundo. Tuvo cinco hijos y nos educó bien. Es lo más importante. Espero un día, cuando deje este mundo también, pueda deja a mis hijos el impacto que mi papá me ha dejado ahora”.

 

Imagen vía Giannis Antetokounmpo

 

Giannis Antetotkounmpo tenía 22 años de edad, y nuevamente, mostraba una madurez y un entendimiento de la vida que rebasa la de alguien que apenas entra a su etapa de adulto.

 

Ese mismo 2017, un profesor griego, Evangelos Markopoulos arrancó una controversia rodeando a Giannis, mencionando que era “un negro pretendiendo ser griego”. El revuelto no duró mucho pero tuvo resonancia. La declaración representaba la posición de muchos, una posición anti-migrante y xenofóbica que en los últimos años ha tenido un destape más público. La discusión es compleja, pero la situación dio muestra de las complicaciones socio-políticas por las que pasan países con historias colonizadas y la herencia que le deja a sus ciudadanos. Agregado a lo difícil que ha sido encontrar una identidad legal para Giannis y sus hermanos en Grecia, este tipo de declaración dio un reflejo de lo que vivieron los Antetokounmpo todos los días mientras buscaban establecerse en un país nuevo.

 

Hoy, Giannis es una de las grandes estrellas de la NBA. En febrero, la grandeza de Giannis lo llevó a convertirse en capitán del Juego de las Estrellas, a lado de la figura de la liga: LeBron James. Lado a lado, LeBron de 34 años, y Giannis de 24, parecía un especie de reconocimiento de la nueva era, liderado además por un extranjero con historia de migrante. Debajo de Team Giannis estarían figuras enormes como Steph Curry, Joel Embiid y Paul George.

 

De tener hoyos en sus tenis, o tener que compartirlos con su hermano para jugar, a ser una de los 23 atletas que Nike ha tenido con líneas distintivas, y siendo él el primer internacional; de vender relojes en la calle para comer a poder compartir sus ganancias con comunidades en necesidad; de ser un joven aún creciendo a la figura dominante de la NBA; la historia de Giannis Antetokounmpo y su familia es mucho más que una de basquetbol. Más allá de las grandezas dentro de la cancha y lo que ha significado eso para su familia y él, Giannis Antetokounmpo, el fenómeno nigeriano, el fenómeno griego, el hijo de migrantes y la superestrella internacional, es un de embajador de determinación, trabajo duro y esperanza.

 

Imagen vía Giannis Antetokounmpo

 

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