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Futuro Halcónico: Trae Young

TEXTO: LA CANASTA

 

Trae Young tiene 20 años, cumplidos el pasado 19 de septiembre, mide 1.88m y pesa unos 82 kilogramos. Suena bastante promedio para cualquier base joven buscando un lugar en la NBA como novato. Pero Young es diferente. Tiene promedios en la temporada de 18.7 puntos por partido y 7.9 asistencias, pero a partir del receso del Juego de las Estrellas de la NBA, su productividad, eficiencia y entendimiento del ritmo de la liga ha incrementado notablemente. En marzo, Young ha acumulado promedios de 23.3 puntos por partido, 8.8 asistencias y 4.9 rebotes. Si bien las estadísticas nos reflejan la productividad que aportan los jugadores a sus equipos, Young es mucho más allá de eso. No sólo se ha convertido en el futuro de la franquicia para Atlanta, se encamina a ser una de las figuras de la NBA con el pronombre de estrella encajado en su alrededor.

 

Imagen vía Atlanta Hawks

 

Nacido en Lubbock, Texas de un padre basquetbolista que jugó en Texas Tech y después a nivel profesional en Europa, Young creció en Norman, Oklahoma donde llamó la atención a varios reclutadores de todo el país como adolescente, aunque decidió quedarse cerca de casa, pasando a la Universidad de Oklahoma. Así como la costumbre reciente, Young sólo mantuvo su carrera universitaria durante un año, pero con eso tuvo para empatar el récord de la NCAA de mayor asistencias en un partido con 22 ante Northwestern State, donde también anotó 26 puntos.

 

En tan solo un par de años, Young pasó de ser uno de los reclutas más importantes a nivel preparatoria en los EUA en 2017, a uno de los reclutas más llamativos de la NCAA en 2018, y la selección número cinco del Draft de ese mismo año. Ahora ya es considerado una de las futuras estrellas de las que gozará la NBA, si no es que ese estatus ya es un hecho.

 

Imagen vía Trae Young

 

En su partido más reciente, Young anotó 33 puntos (anotando 12 de 24 tiros de campo, incluyendo un 5-13 de tres puntos), agregando a sus estadísticas 12 asistencias, 1 rebote y 1 robo en 31 minutos. Los Hawks vencieron a los Pelicans.

 

Cualquier novato teniendo la campaña de Young sería el favorito para ganar el premio de Novato del Año. Desafortunadamente para él, y afortunadamente para el basquetbol, su generación viene acompañada de mucho talento, incluyendo el de Luka Doncic quien se perfila ligeramente encima de Young para recibir ese premio. Pero la discusión es real y sus campañas de novato son comparables en muchos sentidos.

 

Admirador de Steve Nash desde su primeros años viendo el baloncesto, Young tiene una comprensión del juego muy avanzada para su edad. Toma decisiones rápidas pero a diferencia de muchas bases de hoy en día – y coherente con la idea de que admiraba a Nash desde joven – Young amplifica el juego a sus compañeros de cancha, distribuye el balón y su instinto es de asistir no de anotar. Sin embargo, cuando es necesario, Young no se duda a sí mismo, toma el balón y el control del partido. Así lo mostró en uno de los momentos emblemáticos que tendrá esta primera temporada de Young. El sábado pasado, ante los 76ers de Filadelfia, que presume uno de los cuadros titulares más intimidades de la NBA a lado del que tienen los Warriors de Golden State, Young estableció aún más su campaña de novato con la jugada heroica que le dio victoria a los Hawks.

 

 

 

El partido prácticamente significaba nada para la temporada de unos Hawks en mera reconstrucción, pero en práctica valía mucho más. Es un proceso real para los retos que la franquicia le busca poner a sus piezas jóvenes para que desarrollen experiencia que les valdrá en un par de temporadas más cuando el proceso de reconstrucción comience a dar fruto y felicidad. Es una enseñanza, aunque suene raro, del “cómo ganar” y para la franquicia, de quién poder confiar en momentos cruciales de partidos apretados. Claro, Trae Young apareció.

 

Con todo lo grandioso y bueno, también hay que recordar que apenas cumplió 20 años de edad – ya estando en la NBA – y necesita tomar varios pasos para avanzar con más seriedad y convertirse en figura dominante de la liga, y no sólo figura principal de su equipo. En el deporte, el dicho de que la ofensiva gana partidos y la defensiva gana campeonatos es bien conocido; y Young necesitará elevar su juego defensivo. La era actual además trae a bases con mayor tamaño, Ben Simmons siendo el claro ejemplo, y aunque la altura de Young sucede ser imposible de modificar, sí puede trabajar en fuerza y explosividad defensiva para ir reduciendo las desventajas. En la ofensiva, por mucho talento que sea, tendrá que madurar para realmente beneficiar el potencial de cada uno de sus compañeros. En ocasiones Young suele trabajar demasiado con el balón en la mano y no encuentra los mejores momentos para moverse sin el balón y distribuirlo para la efectividad del equipo. Esto considerando que es un jugador que gusta asistir, pero es un nivel de entendimiento mayor saber cómo dirigir a sus compañeros y comprender cuándo es el mejor momento de ponerles el balón en sus manos. Es un trabajo en conjunto con el entrenador y la táctica que desarrolla el equipo, pero la lectura de su propia ofensiva así como las defensivas opuestas requerirá unos años más de trabajo arduo. Que tenga tanto por mejorar es algo bueno, pues así en su estado actual de novato joven, ya se siente su impacto en el equipo y en la liga.

 

La realidad es que hay muchos jugadores que han tenido una primera temporada excelsa. Los novatos siempre tienen que demostrar, no sólo a los fanáticos y sus entrenadores, si no a los mismo jugadores de la NBA, compañeros o contrincantes, que sí están hechos para estar entre los mejores del mundo. Cada jugador que entra a la NBA, incluso con un contrato de diez días, está lleno de talento y fácilmente es de los mejores basquetbolistas del mundo. Pero el mero talento no es lo cuestionado, es la resistencia mental y física que implica jugar a la velocidad, ritmo, choque y reacción de los mejores del mundo. Así que Young tiene que aprovechar su grandiosa temporada para impulsarse hacia el avance.

 

Los novatos lo entienden y hay una lista larga de jugadores que explotan en su primer año y decaen con los siguientes. Young – al igual que Doncic y los demás de su generación – tendrán que saber cómo perdurar durante su segundo y tercer año, mantener su juego estable, y saber que mucho de eso es la mente, darle mantenimiento al cuerpo y estudiar constantemente, porque como se dijo, el talento está, lo más difícil está por venir. Un ejemplo es Donovan Mitchell quien tomó la NBA por sorpresa y estuvo a nada de ser el Novato del Año la temporada pasada. Aunque ha retomado su juego en la segunda parte de la temporada actual, muchos lo cuestionaban al ver su productividad caer ligeramente al arranque del año y en comparación a la campaña de que tuvo con Utah como novato, liderando el equipo en la postemporada.

 

Desafortunadamente para novatos como Young, están en la mira desde el arranque, y en especial si figuran como pilar de su equipo desde el día uno. Es desafortunado porque cualquier error y caída es altamente criticado, y es difícil enfrentar esa presión a una edad tan temprana. A D’Angelo Russell, por ejemplo, se le dio poco paciencia y lo Lakers lo enviaron a los Nets. No fue malo para los Lakers que recibieron a Kyle Kuzma, pero ahora se piensa en el error que fue deshacerse de Russell después de dos temporadas. Se llevado a la mesa de discusión si Russell ha sido un caso de “desarrollo tardío”. Es una locura pensarlo así. Russell tiene 22 años. No es un desarrollo tardío, es una muestra de la impaciencia de la época y la presión que implica para los jóvenes. Markelle Fultz es otra víctima de esto. Y la presión que tienen estos jóvenes es impensable. Young ya está bajo presión, y deberá mantener una mente fuerte en momentos complicados y de crítica, que seguro llegarán

 

Al final, el futuro de los Hawks está en el presente. Todo arrancó con el intercambio entre Atlanta y Dallas, y ambos salieron ganando, cada uno consiguiendo sus pilares jóvenes que establecerán futuros prometedores para las franquicias. Los Hawks le entregaron los derechos de la selección número tres del Draft (Doncic) a los Mavericks, y con ello recibió los derechos de la selección número cinco (Young), además de la selección de este año con ciertas restricciones. Ambos ganaron, y ambos tienen en vista clara el futuro que les viene. Los Mavericks incluso movieron piezas para conseguir a Kristaps Porzingis y ya se antoja ver esa dupla la siguiente temporada.

 

Curiosamente, tanto los Hawks como los Mavericks tienen un cuarentón en sus filas que no sólo siguen aportando talento y presencia de veterano en los vestidores, si no de pieza fundamental para guiar a jóvenes como Young y Doncic. Hawks tienen al eterno Vince Carter que no envejece y sigue maravillando a sus 42 años, mientras los Mavericks mantienen a esa pieza emblemática que le trajo campeonato a Dallas, Dirk Nowitzki, quien cumplirá 41 años en junio, y aunque parece su última temporada, seguro ya está pensando en el siguiente año con ese par de jóvenes europeos.

 

Por su parte, los Hawks tienen su versión en desarrollo de los Splash Brothers (Steph Curry y Klay Thompson) en Trae Young y Kevin Huerter, ya apodados con Fire & Ice (llamas y hielo). Huerter es de la misma generación de Draft que Young, elegido por Atlanta que también tenía la selección número diecinueve del Draft.

 

Los Hawks de Atlanta no tendrán más que 82 partidos esta temporada, oficial y matemáticamente eliminados de la postemporada. Pero como se dijo, su futuro está en el presente. Liderados por un joven entrenador, Lloyd Pierce, siendo esta campaña su primera como entrenador en jefe después de unos años como asistente en Filadelfia, los Hawks tienen un futuro atractivo. El cuadro es joven con dos de sus cuatro novatos siendo titulares para formar su Fire & Ice, y tienen una alta probabilidad de tener no una si no dos selecciones de top diez este siguiente Draft gracias al intercambio con los Mavs. Mientras tanto, Young ya llegó, evolucionando en confianza, y creciendo el vuelo de los Hawks.

 

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