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James Dolan: El Cáncer de los Knicks

TEXTO: ISRAEL GERMÁN

 

Nacido en cuna de oro, hijo del fundador de la empresa Cablevision, para el millonario Charles Dolan, la vida no ha sido una lucha, una batalla, o un problema. Pese a ser un empresario exitoso, no ha sido el mismo caso manejando equipos deportivos bajo su control, como los Rangers de Nueva York de la NHL y, el equipo que aquí nos congrega a este texto, los Knicks de Nueva York.

 

Imagen vía The Star-Ledger (William Perlman)

 

Empecemos por decir que los Knickerbockers, nombre original y oficial de la franquicia, son fundadores de la vieja NBA. No puede entenderse el inicio de la National Basketball Association, allá por 1946, sin la creación y la aportación de los Knicks, equipo que vivió su época de oro en la década de los 70, cuando en 1970 y 1973 conquistaron dos títulos, los únicos que ha cosechado la organización en su historia y de los que se aferran para ligarse a un pasado de gloria que ha quedado casi en el olvido.

 

En la década de los 90, abrumados por el dominio de los Bulls de Chicago en la Conferencia del Este, tomaron un respiro tras el primer retiro de Michael Jordan y en 1994 llegaron a las Finales de la NBA, para perder en siete juegos ante los Rockets de Houston, y luego, en 1999 volvieron a llegar a las Finales, aunque la suerte fue la misma, luego de que en cinco juegos fueran derrotados por los entonces ascendentes Spurs de San Antonio.

 

Imagen vía Knicks

 

Desde entonces, la calamidad, la miseria, infortunio, incertidumbre, desazón, tedio, vergüenza, hartazgo, desesperanza, y sobre todo la tristeza, se han apoderado de una atribulada afición que desde el inicio del nuevo milenio sólo ha visto a su equipo ser el hazmerreír de la NBA, un ejemplo de lo que no se debe hacer o de cómo no debe manejarse una franquicia profesional. Pero Dolan ha sido un tipo con muchísima fortuna.

 

De acuerdo con la más reciente estimación de la revista Forbes los Knicks son la franquicia mejor valuada de la NBA, con una suma que oscila los 4 mil millones de dólares (4 billones para los EEUU). Un valor exorbitante para un equipo que desde 2000 solamente acumula cinco viajes a los Playoffs (2001, 2004, 2011, 2012 y 2013), con apenas una serie de postemporada ganada (2013).

 

Detrás de las entradas más costosas de toda la NBA, de la “arena más famosa del mundo”, de la historia y sabor especial del Madison Square Garden, de las caras de los famosos en los asientos de las primeras filas (por los que pagan miles de dólares para ver los juegos y tener un lucimiento y exposición personal), de jugar en el corazón de una de las ciudades más vibrantes del mundo y de tener una de las aficiones más apasionadas y fieles de la liga, está la cuestionable manera de manejar a los Knicks por parte de James Dolan.

 

Las siguientes líneas, si son seguidores de los Knicks, se aconseja sean leídas luego de respirar hondo y profundo, de un buen rato zen, de hacer yoga, o una hora de meditación, a sabiendas de que es echarle sal a una herida que lleva abierta hace tiempo, que remueve entrañas y toca las más sensibles fibras de aquellos quienes sueñan con una quinteta.

 

Hay una larga lista de incidentes, decisiones, malos momentos y vergüenzas que Dolan ha tenido y le ha hecho pasar a sus ya de por sí atribulados aficionados, desde meterse con leyendas del equipo, intercambios acalorados con fans y su consecuente veto del Madison Square Garden, y lo más reciente, las negociaciones fallidas en la agencia libre, cuando las expectativas eran altas.

 

El pasado 8 de febrero de 2017 se dio quizás el más vergonzoso de todos los incidentes, cuando en el primer cuarto del partido ante los Clippers de Los Ángeles, Charles Oakley, uno de los jugadores que más entregó por el equipo en la década de los 90, fue expulsado del MSG, esposado, escoltado por policías y en medio de un escándalo. Esto ocasionó una demanda del exjugador a Dolan, quien fue el que dio la orden, justificando en un comunicado que “Oak” tuvo una conducta “altamente inapropiada y completamente abusiva”.

 

Más atrás, de 2003 a 2008, Isiah Thomas, una leyenda del basquetbol de la NBA, dos veces MVP de las Finales con los Pistons de Detroit, llegó a ocupar el cargo de presidente de operaciones de baloncesto de los Knicks. Y como algunos fans lo definen, ha sido la peor época del equipo en medio siglo. Durante su gestión, Thomas y los Knicks se hicieron de jugadores tanto problemáticos como deficientes, una lista que incluye a Stephon Marbury, Jerome James, Eddy Curry, un disminuido Steve Francis, Jared Jeffries, Zach Randolph, y, cuando se proclamó coach del equipo de 2006 a 2008, un escándalo de índole extradeportivo: una funcionaria del equipo ganó una demanda por hostigamiento sexual de Thomas por seis millones de dólares. Sobra decir que en ese lapso el equipo fue una desgracia, una calamidad.

 

Se rompió el proceso de un equipo que encabezaba Amare Stoudamire, Danilo Gallinari, Landry Fields, Wilson Chandler, Raymond Felton, entre otros, un proyecto ascendente, que se truncó con el canje que llevó a Carmelo Anthony, que quizás incrementó en los años recientes la esperanza y el anhelo de los aficionados en la Gran Manzana, pero que tuvo un triste desenlace, y que nos conduce al siguiente capítulo.

 

En marzo de 2014, Dolan sacó de un empolvado armario al oxidado Phil Jackson, quien vive de las regalías de sus libros y de la fama obtenida por ganar campeonatos con los Lakers y los Bulls. No, no es demeritar su laureada carrera como entrenador, sus números, logros y momentos ahí quedan, incluso como el coach con más títulos en la historia de la NBA, pero lo único que le hizo a Nueva York, equipo al que ayudó a ganar dos campeonatos como jugador, fue ayudar a ponerle toneladas de plomo a un barco que estaba agujerado.

 

Imagen vía Knicks

 

Lo único positivo que tuvo Jackson bajo su gestión fue haber reclutado al entonces desconocido delantero letón Kristaps Porzingis, decisión que costó chiflidos y abucheos al haberlo tomado en la cuarta posición en el Draft de 2015. Tuvo sensaciones de ser un sólido comienzo de vuelta a la competitividad, pero no fue el caso, y se deshizo de Carmelo Anthony y dinamitó el edificio. Hoy Porzingis está ya en los Mavericks de Dallas y aquello que prometía ser el pilar del proyecto del otrora exitoso entrenador, sin embargo, todo eso se derrumbó estrepitosamente y las cosas volvieron a tocar de nuevo el fondo.

 

Los incidentes de Dolan, tanto directos como indirectos, con los aficionados de los Knicks cuya paciencia se ha agotado, han sido cuantiosos. El propio Oakley ha denunciado que muchos aficionados han recibido un veto para asistir al Madison Square Garden por manifestar enardecidamente su enojo porque el equipo no tiene rumbo ni para cuándo cambiar su suerte.

 

Entre el receso de la temporada 2018-19 y la próxima, la 2019-20, se avizoraba como una especie de oasis para los Knicks, porque iban a tener un amplísimo margen de maniobra, entiéndase dinero, para gastar en agentes libres de alto calado en aras de, de golpe y porrazo, llevar a los neoyorquinos de ser una comparsa y el peor equipo de la NBA a uno que comenzara a ganar con asiduidad. Se manejaban los grandes nombres como Kevin Durant, Kyrie Irving, Jimmy Butler o Anthony Davis, así como otros agentes libres que eran los más cotizados en este periodo para cambiar de equipo.

 

Pero nada de eso ocurrió. No sabemos si necesariamente ocasionado por tener un pésimo dueño como Dolan o porque la gente a su cargo, en el ámbito de la gerencia general y de las operaciones baloncestísticas derramaron el vaso de agua sobre la mesa. Mientras los siempre vilipendiados y minimizados Nets de Brooklyn, aterrizaron a Kyrie y a Durant, mientras el resto de los equipos no sólo se movieron rápido sino concretaron traspasos importantes.

 

Los Knicks sumaron, entre tanto, a Wayne Ellington, Taj Gibson, Elfrid Payton, Bobby Portis y Julius Randle. Sin faltarle al respeto a este buen conjunto de jugadores, es como cuando de niño esperas de Navidad un GI JOE y te llevaban una bolsita de luchadores del mercado con rebabas en las manos. Así se sintieron los aficionados de los Knicks, quienes añoraban ver a KD o a AD en el uniforme de los Knicks y no fue así, pero eso no es todo.

 

Nueva York tuvo la gran oportunidad de entrevistarse con uno de los jugadores más preciados en el periodo de la agencia libre, y llegaría con un currículum cromado recientemente al haberse coronado monarca de la NBA y además MVP de las Finales: Kawhi Leonard. Pero ¿qué pasó? Sólo a los Knicks les pueden pasar estas cosas: decidieron cancelar la reunión. Para “sanar su alma”, buscando una justificación, incluso emitieron un comunicado sobre el porqué no buscaron con más fuerza a los agentes libres más codiciados.

 

En el pasado Draft de nada le valió a los Knicks apoderarse de la peor marca de la liga (con la esperanza de salir beneficiados en la lotería del Draft), pero se quedaron con la tercera plaza para reclutar y la usaron bien. A fuerza de ser sinceros, al seleccionar al talentoso guardia canadiense RJ Barrett, se presenta también como una esperanza en aras de echar a andar este proyecto que lleva muchos intentos truncos de despegar, pero mientras James Dolan sea quien tripule la nave, como se ha podido constatar, amigos fans de los Knicks, no esperen nada positivo en el corto plazo o, nadie los juzgará, apoyen a otro equipo.

 

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