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México con un canto y un llanto

 

TEXTO: LA CANASTA
FOTO: FIBA

 

El 13 de septiembre de 1968, el Gimnasio Olímpico Juan de la Barrera se inauguraba junto a los históricos Juegos Olímpicos que se celebraron en la Ciudad de México, donde se realizaban las competencias de voleibol. Un día después del aniversario número cincuenta, el gimnasio recibía las selecciones nacionales de Argentina y México, disputándose un juego clasificatorio para la Copa del Mundo de Baloncesto. 

 

 

El gimnasio ha cobrado vida nueva para la comunidad de basquetbol, convirtiéndose en la casa de los Capitanes de la Ciudad de México, una década después de que la capital mexicana se quedara sin equipo representativo en la Liga Nacional de Baloncesto Profesional. El gimnasio se pintaba de azul, llenando las gradas hasta el tope, y la energía celebraba el basquetbol, agradeciendo los triunfos; y en su primera temporada, Capitanes llegaba a la final de la liga.

 

Hay un entusiasmo renovada detrás de la selección nacional mexicana de basquetbol después de conseguir el oro en el Campeonato FIBA Americas del 2013 y el bronce del 2017. A dos horas de que las puertas del Gimnasio Olímpico Juan de la Barrera estaban a punto de abrirse para el partido entre México y Argentina, había una fila extensa llena de patriotismo. El duelo daba inicio al fin de semana celebrando la Independencia de México, que también se alistaba para una de las peleas de box más anticipadas del año, la revancha entre Saúl “Canelo” Álvarez y “GGG”, Gennady Gennádievich Golovkin. México venía de derrotar a la Selección de los Estados Unidos el pasado mes de junio, y ahora recibía el equipo más complicado de Latinoamérica, la Selección de Argentina, que venía de un triunfo de casi 50 puntos sobre Uruguay. 

 

Entre la afición estaba Julieta, una de las primeras en ingresar al gimnasio, quien lucía su camiseta con el número 8 de Gustavo Ayón. “Vine contra Estados Unidos y fue grandioso. Y hoy espero que ocurra lo mismo. Es hermosos ver al equipo de tu país en casa y más si juegan como nuestros muchachos”, auguraba apenas se sentaba en la grada.

 

 

Conforme se acercaba el arranque del partido, las gradas comenzaban a transformarse del celeste de la pintura de sus asientos para teñirse del verde, rojo y blanco que vestía la mayoría de los fanáticos. El nuevo sistema clasificatorio de la FIBA ha traído algunas críticas pues varias fechas se empalman con el calendario de la NBA y la Euroliga, impidiendo que las figuras estelares de las selecciones puedan participar en los partidos; pero también ha posibilitado ver a los aficionados ver a su selección como local y esparciendo la cultura del basquetbol. Entre los aficionados se veían a Héctor Hernández, Lorenzo Mata y Pery Meza en la primera fila, todos ausentes por distintas causas para el partido. Meza, el base quien fuera campeón del FIBA Américas 2013 comentaba: “Es espectacular poder ver un estadio así repleto para ver al seleccionado mexicano. Se ha ido despertando una pasión por este deporte que nos llena de orgullo”. El hecho de no poder estar adentro de la cancha lo hacía tener a Meza sensaciones encontradas: “Se siente la adrenalina pero es diferente. Se vive muy distinto desde afuera que pudiendo ser protagonista. Es un partido especial, contra un rival difícil, que conocemos y me encantaría poder estar”.

 

 

Con casi 5,500 aficionados llenando el gimnasio, el ingreso del equipo y la celebración del himno nacional dieron pauta para que se sintiera el factor local en el mes patrio para México. El arranque del partido, sin embargo, fue testigo del porqué Argentina ha sido el gigante latinoamericano. Argentina abrumaba a México, aplacando el fervor de la afición, y cuando terminaba el primer cuarto, México ya tenía una desventaja de once puntos. 

 

Iván Deniz, el entrenador de México, hacía ajustes, la afición seguía apoyando, y la garra de local poco a poco iba apareciendo. México se alimentaba de la localía, se lanzaba por el balón en cada jugada con una defensa agresiva que terminaba con constantes faltas. No era un juego bonito, pero irrumpía el ritmo de Argentina. Entre la interrupciones, también habían fallas técnicas a lo largo del partido con un tablero de 24 segundos que constantemente se apagaba, causando pausas constantes en el partido mientras los oficiales buscaban solución. Era frustrante para la afición y sobretodo para los jugadores, quienes aprovechaban las pausas para agruparse y revisar la estrategia. 

 

 

A la mitad del partido Argentina seguía adelante pero México daba señales de su talento individual y el empuje grupal por buscar una importante victoria como local en unos clasificatorios apretados. En el entretiempo se escuchaba “Cielito Lindo” y la afición respondía de inmediato coreando el “Ay, ay, ay, ay, canta y no llores”. 

 

En la segunda mitad, México empezó a recuperarse poco a poco y hasta pasó a comandar el partido tanto en el desarrollo como en el marcador. La energía se pasaba de los fanáticos al equipo y del equipo a los fanáticos con celebraciones cada vez más ruidosas. En el cuarto período el griterío y la percusión con lo que hubiera cerca fueron un sonido ambiente constante. En un tiempo muerto se entonó el “¡Viva México, Cabrones” a la par de la letra de “Gimme tha Power”, de Molotov. México se acomodaba, anotaba cuando lo tenía que hacer, y seguía presionando a Argentina con un juego agresivo. Los fanáticos se ilusionaban con un nuevo triunfo en casa mientras México tomaba ventaja con pocos minutos restando en el partido. 

 

 

Argentina, sin embargo, no se desesperó. Los experimentados Luis Scola y Gustavo Ayón mantenían una batalla dura y técnica en el poste. Para el conjunto argentino, el talento de Facundo Campazzo fue clave y la selección anotaba en los momentos cruciales, no perdía el orden y aprovechaba los errores de México en el cierre del partido. Los “12 Guerreros” perdían el control en los momentos finales, y un juego lleno de energía y agresión no bastaba para mantener la ventaja. Al final, Orlando Méndez aportaba sus tiros de tres puntos para mantenerse cerca, pero el marcador quedaba 74-78 a favor de Argentina cuando sonó la última chicharra. Campazzo terminó con 26 puntos, 11 en el último cuarto, 4 de 9 en triples, además de 8 asistencias. Luca Vildoza aportó 10 puntos, y Scola 8 y 9 rebotes, además de un liderazgo que no aparece en las estadísticas. México tuvo la solidez de Ayón con 18 puntos y 12 rebotes mientras Méndez terminó con 15 puntos y Gabriel Girón con 10 puntos y 3 rebotes.

 

 

La afición aplaudió y reconoció el esfuerzo de los “12 Guerreros”, y a su vez, el triunfo de Argentina. “Seguiremos apoyando a nuestros 12 guerreros hasta el final”, avisó Marco, el último fanático tricolor que abandonó el estadio. La derrota complica la situación de México que ahora cayó a un récord de 3-4 en los clasificatorios, mientras Argentina quedó cómodamente con un 6-1 hacia China 2019. Argentina cerrará la doble fecha en Formosa frente a Puerto Rico, mientras que los mexicanos viajarán a Montevideo para enfrentar a Uruguay en un partido clave para ambas selecciones.

 

 

 

El entrenador de Argentina, Sergio Hernández, habló tras la victoria y se refirió al próximo rival, Puerto Rico: “No me gustó mucho el partido si soy sincero, sacando los primeros minutos que fueron brillantes. Cometimos errores que sabíamos que no teníamos que cometer, eso les cambió la cabeza a ellos y cuando al local con tanta urgencia por ganar le das esa energía el partido termina cambiando a su favor. No encontramos el juego interior, no tuvimos a Luis (Scola) conectado en la ofensiva. Se dio lo más importante que es ganar, lo que te acerca al objetivo que es la Copa del Mundo. Apuntamos fecha por fecha, pero esta es bastante importante. A México se le complica mucho y a nosotros nos favorece. Espero un estadio completo en Formosa. Argentina nos acompaña mucho, ya pasó y este equipo cae simpático, es un equipo con carisma y que la gente lo quiere y que por sobre todo va por buen camino”.

 

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