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Reggie Miller: 8 puntos en 9 segundos

TEXTO: LA CANASTA

 

Sentado en la tribuna, postrado frente una pantalla, viendo el partido: ¿cuándo es el momento en el que se dice “ya vámonos” o “ya apágale”?

 

Hay diferentes maneras en la que los partidos de basquetbol terminan. Algunos van hasta los últimos décimos del reloj, una jugada precisamente dibujada, o una inexplicable genialidad en las manos de atletas generacionales (véase: Jerry West, Larry Bird, Michael Jordan, por mencionar una triada). Como ejemplo reciente, vean el final del tercer partido entre Cavs y Raptors de la postemporada del año pasado, cuando LeBron James destruía la moral basquetbolista de Toronto, otra vez. Otras formas son ventajas insultantes que hacen de los partidos un trámite aburrido, como los 50 puntos que le anotaron los Rockets a los Timberwolves, también en la postemporada del año pasado.

 

En cualquier instante, un fanático genuino y un competidor real, jamás pierde la fe, ni le quitan el enfoque al balón hasta que transcurre ese último segundo. Quedamos a la espera de esas hazañas históricas que recordamos días después, y en sus mejores formas, incluso después de años y épocas.

 

Hoy recordamos una de ésas que sucedió en 1995, en el grandioso Madison Square Garden, entre unos rivales propios y verdaderos. La historia es tan real y tan surreal como lo siguiente: Reggie Miller anota ocho puntos en 8.9 segundos. Con más precisión, entre los segundos 16.4 y 7.5 del cuarto cuarto, Miller anotó dos tiros de tres puntos y dos tiros libres. El partido era el primero en la serie de las Semifinales de la Conferencia del Este de 1995 entre los Knicks de Nueva York y los Pacers de Indiana.

 

Habría que recordar unas cuantas cosas de la época. Los Knicks y los Pacers en la década de los 90 tenían una rivalidad especial que remontaba desde los finales de los 70. Pero nos brincamos los inicios y tomemos en cuenta que entre 1993 y 2000, los Knicks y los Pacers se enfrentaron seis veces en la postemporada, incluyendo tres finales de conferencia.

 

Los Knicks tenían a Pat Riley de entrenador, los Pacers, a Larry Brown. Ambos siendo dos de los entrenadores más respetados en la era moderna. Aunque a lo largo de la década ambos equipos harían diferentes cambios, Nueva York contaba con el dominante Patrick Ewing que se apoyaba de figuras duras como Charles Oakley, John Starks y Doc Rivers; mientras Indiana los lideraba Reggie Miller a lado de un par de extranjeros en Rik Smits y Detlef Schrempf, además de Dale Davis y después Antonio Davis. A lo largo de esos años, ambos equipos llenaban el Madison Square Garden con Spike Lee a ras de cancha, volviéndose en un ícono cultural de la rivalidad.

 

Spike Lee y Reggie Miller / Foto vía Reggie Miller.

 

Regresando al partido, el Madison Square Garden estaba repleto y ya estaba festejando. Veíamos el rostro del actor Michael Douglas cómodamente en su lugar, platicando con su hijo, el director Spike Lee sacudiendo su toalla blanca en el aire con su gesto triunfador, y toda la arena sonreía, listos para presumir su anécdota con sus conocidos, amigos y familiares. El marcador indicaba la ventaja para los Knicks, 105 a 99 con 18 segundos restantes. Era el primer partido de la serie, y Miller no estaba teniendo su mejor noche.

 

Mark Jackson está sacando el balón a media cancha con 18.7 segundos restando, obviamente buscando a Miller, quién obviamente tenía consciencia perfecta de la posición de sus pies a la hora de recibir el balón y buscar los tres puntos. Encesta. No hay tiempos fuera. Anthony Mason toma el balón para sacarlo de la banda. En palabras de Jeff Van Gundy, quien era asistente de entrenador para los Knicks en ese momento: “teníamos a Anthony Mason, nuestro peor jugador para meter el balón, metiendo el balón”.

 

John Starks está completamente cubierto, Greg Anthony se mueve para buscar un espacio libre, se empieza a tropezar y Mason le lanza el balón. Miller levanta las manos de inocente, aprovecha el momento y roba el balón. Con un solo bote, Miller gira hacia la línea de tres puntos, gira de nuevo para tirar y encesta. En cuestión de segundos, el partido está empatado.

 

El estrés incrementa, y Sam Mitchell de los Pacers comete un error con un foul a Starks antes de que arrancara la jugada. “Estaba como en shock con todo esto pasando”, recuerda John Starks. “En ese momento camino a la línea de tiro libre pensando, ‘¿este tipo acaba de marcarme un foul?’”. Starks toma el balón para lanzar el primer tiro. Falla. Toma el balón otra vez, el Madison Square Garden ahora está en un suspiro colectivo. Starks tira, el balón rebota del aro. Sí, falla de nuevo, los jugadores brincan, el balón brinca, y es Ewing quien toma posesión, lanzando de inmediato a la canasta en su área de confort, a unos metros del aro. Falla y es el mismo Reggie Miller quien consigue el rebote. Hay un foul de inmediato. Y Miller no perdona. Con la sangre fría encesta los dos tiros libres. Indiana ganaba el primer partido de la serie 105 a 107, y sobretodo establecía el ambiente de la serie de postemporada, asegurando que la rivalidad entre los equipo seguía con claridad.

 

 

La rivalidad entre los Knicks y los Pacers fue una de las joyas de la época de los 90 de la NBA. Tristemente, tanto Nueva York como Indiana terminaban la década sin campeonatos, pues los noventa también tenían a Michael Jordan en la Conferencia del Este, y en esas temporadas en las que Jordan se ausentó con un retiro temporal, aparecía la versión imparable de Hakeem Olajuwon para llevarse un par de campeonatos con los Rockets de Houston. Las historias entre los Knicks y los Pacers son muchas, pero hoy recordamos una de varias con el rostro protagónico de Reggie Miller haciendo de las suyas, ese mes de mayo de 1995, ocho puntos en menos de nueve segundos.

 

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